Zona de Confort & Zona de Aprendizaje

Idea: Matti Hemmi
Dibujo: Ramón Rodríguez
Realización: Haiku Films

Ego vs. Autoestima sana

Por Eckhart Tolle

 

 

 

(Fuente: http://youtu.be/i22vb2GDW7M)

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“No juzgo, no me siento víctima, y no es un drama”

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A las 17:32 minutos la Scuderia Toro Rosso ha emitido un comunicado confirmando a los pilotos Daniel Ricciardo y Jean-Eric Vergne como los pilotos oficiales en el Campeonato del Mundo de Formula 1 2012.

Esta mañana, en primer lugar Franz Tost, y más tarde, Helmut Marko, han llamado a Jaime Alguersuari para comunicarle la sorprendente decisión de que por política de grupo, Red Bull y con todo el pesar de ambos, no contarían con Jaime, ni Buemi, en el mundial 2012.

Jaime ha querido manifestar sus sentimientos de forma inmediata al sorprendente e inesperado comunicado.

Estas han sido sus declaraciones:

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“Estoy muy sorprendido por la decisión.

Hace apenas una semana, tras ganar el Desafío das Estrelas en Florianápolis hablé con Helmut Marko y con Franz Tost y ambos me hablaron de los planes que tenían para mí en 2012.

Lo hicieron con entusiasmo y me mostraron mucha confianza, también me pidieron que estuviera el lunes en Madrid, en un maravilloso y multitudinario acto de CEPSA en el que me hicieron insistir en nuestro proyecto 2012 en F1.

Por eso, después de hablar con Franz Tost y Helmut Marko esta mañana, he pensado en tres cosas: primera, no voy a juzgar la situación, porque si me pareció una locura que me hicieran debutar en 2009 con 19 años y tres meses sin haber hecho jamás un kilómetro en F1 antes, la noticia de hoy me ha parecido una mayor incomprensión en el mejor momento de mi vida deportiva, no juzgaré el por qué de la decisión, porque Red Bull me dio todo desde los 15 años, me he formado con ellos, y me he hecho un piloto completo en F1 a los 21 años.

Segunda, no me siento víctima porque he disfrutado durante siete años del privilegio de estar en el mejor equipo del mundo y con los mejores medios, ellos me trajeron aquí, con ellos gané el British Internacional Series de F3 a los 18 años y con ellos he logrado el mejor resultado de un piloto de 21 años en la Formula Uno en 2011. A final de marzo cumpliré 22 años, con 46 GP disputados. Han tomado una decisión que respeto, pero yo me quedo con una formación envidiable a nivel deportivo y emocional.

Tercera, no es un drama, porque tengo muchos planes de presente y de futuro. A todos los niveles: profesionales y deportivos. La sorpresa me ha durado un par de horas. Las necesarias para hablar con mi familia, mirar a la calle, estaba en Madrid, y darme cuenta de que la vida está llena de oportunidades y desafíos.

Volviendo en el AVE y viendo los titulares de los periódicos he caído en la cuenta de que hay casi cinco millones de parados en España, y que sólo podemos devolverle a este país la confianza y el optimismo, pensando en luchar y en mejorar cada día. Y eso es lo que voy a hacer a partir de mañana, se lo prometo a toda la afición y a los que me aprecian”.

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Jaime Alguersuari
Piloto de F1
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(Fuente: http://www.jalguersuari.com/; 14.12.2011
Imagen: GEPA-25031199028 – FORMULA 1 – Grand Prix of Australia. Image shows Jaime Alguersuari (ESP/ Scuderia Toro Rosso). Photo: Getty Images/ Peter Fox – For editorial use only. Image is free of charge)
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“¿Cómo quieres contarlo?”

Por Tomás Vela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres situaciones. Una salida con amigos en la que uno de ellos te pide que pagues por él algo bastante costoso prometiéndote reembolsar el dinero olvidado en su auto cuando se despidan, pero finalmente se marcha sin devolvértelo. Una conversación trivial con tu pareja va subiendo de tono hasta que, sin esperarlo ni creer merecerlo, te llega directo de su boca un insulto certero y gestos muy feos desde sus dedos. Un viaje en ómnibus de larga distancia en el que por fin lograste quedarte dormido se interrumpe cuando la señora que pasaba con apuro por el pasillo rumbo al baño te golpea de lleno en tu cabeza con su brazo, y no se disculpa.

Según la interpretación que se haga de cada uno de las casos, existirán muy diversas formas de proceder. De lo que tú mismo te cuentes que ha pasado devendrá la respuesta que darás, y a partir de ésta tu aporte a la evolución del vínculo.

Normalmente sabemos que nuestras acciones tienen una relación directa sobre lo que luego nos irá sucediendo. Tal vez también sepamos que esas acciones serán consecuencia de una selección particular del aluvión de pensamientos que la precedieron, y que esta selección vendrá con una carga emocional delimitada según lo que hayamos interpretado del hecho original (el amigo que no paga, la pareja que insulta, la señora que golpea)

Pero también pasa que en ciertas situaciones donde la interpretación supone una carga emocional más pesada, nuestra capacidad de percepción se verá irremediablemente alterada, y de allí en más el resto del recorrido.

Si frente al amigo que no me devolvió el dinero me quedo callado pero furioso por haberlo entendido como una falta de su parte, seguramente la próxima vez que nos veamos (y en varios momentos previos en que recuerde el episodio) me sienta tenso y decepcionado por su comportamiento, cosa que a mi modo intentaré hacérselo notar (el repertorio del “paso de facturas” es tan variado como la capacidad de expresión de cada uno) Algo similar sucederá con los otros dos ejemplos.

Cada cual encontrará un modo de actuar que lo haga sentir mejor consigo mismo y con el otro según el desarrollo interior que haya podido (y querido) lograr. Ahora, ¿qué pasa si siente que su respuesta no fue suficiente para que el vínculo siga transcurriendo por el cauce que espera de esa relación? ¿O sí, más allá del vínculo, no se siente como quisiera?

Encuentro tres caminos para compartir que nos permiten ampliar el modo de mirar.

El primero es explicitar su inquietud con la otra parte para hacerla partícipe de la solución y ver si juntos pueden alcanzar algún resultado satisfactorio para ambos. Si no identifican o encuentran disponibles los recursos necesarios para sortear efectivamente el conflicto, y acuerdan seguir buscando una solución, el segundo camino es pedir la ayuda de terceros competentes (o sea, con los recursos necesarios) y bien dispuestos a asistirlos.

El tercer camino, que puede ser el primero o segundo, es la pregunta narrativa.

Se trata de preguntarse a uno mismo “¿Cómo Quieres Contarlo?”. ¿Qué cosa? Pues esa situación en particular por la que estás atravesando, independientemente de que la vivas con calma y marchando o muy tenso y a los tumbos. Al preguntarme “¿Cómo Quiero Contar…? tal cosa, genero un espacio de reflexión, visualización y acción que me podrá ayudar a mantenerme alineado con el modo de vida que opté para mí mismo.

 

Cómo funciona

De manera consciente o inconsciente creo que todos elegimos un tono o estilo predominante para contarnos y luego contar los cuentos de nuestra vida. Puede variar de un período a otro, o incluso durante el transcurso de un relato, pero siempre habrá al menos uno presente o predominante.

Por ejemplo. Si luego del insulto de mi pareja pienso que ella me quiso dañar y genero un clima de confrontación para defenderme o atacar, resultará improbable en ese contexto mantener un diálogo pacífico. En cambio, si pese a no entender su reacción ni aprobarla, evalúo que para no agravar la situación lo mejor será evitar responder en la misma frecuencia; seguramente ahí sí busque propiciar un clima que contribuya a darnos cierta tranquilidad.

Podré pensar entonces cómo estoy viviendo ese episodio e identificar, como si se tratara de una película, el estilo principal que busco para contarme la historia (Suspenso, Acción, Comedia o Documental, si me gusta mostrar datos para respaldar un enfoque) y evite especialmente los que no quiero (Drama, Policial, Terror)

Si el tono que siento preponderante me lleva a contarme un relato con protagonistas sufrientes, un nudo lleno de tensión y un final tan contundente como doloroso, y eso no me gusta; puedo cambiarlo. Siguiendo el ejemplo, evaluaré de qué otro modo puedo contarme lo que está pasando para sentirme con mayores posibilidades de disfrutar el relato y las acciones que se deriven del mismo. Así, me enfocaré en la participación y relación entre los personajes (entre los que estaré yo como protagonista) y concluiré algo que me brinde ciertas posibilidades de acción más acordes a lo que me gustaría para mi vida (siempre dentro de lo esperable para el estilo predominante de turno)

Con suerte, cada uno sabrá que quiere generar en su gente. La pregunta narrativa “¿Cómo Quieres Contarlo?” nos invita a tomar consciencia de que en cada relato estamos propiciando una clase de contexto determinado y que éste, a su vez, nos dará margen para ciertas acciones y excluirá muchas otras. Tomarse un minuto, dos o quince para elegir cómo vivir eso que luego se contará puede resultar un modo simple y muy poderoso de sentirse más responsable de su presente y diseñador de su futuro. Y si no, siempre podrá probar con otro cuento.

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How Coaching Works

 

(Cómo funciona el Coaching)

Una película de animación de cuatro minutos que muestra cómo funciona el proceso de coaching.

 

 

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Exigencia vs. Excelencia (I)

Por Miriam Ortíz de Zárate
(Fuente: http://www.miriamortiz.es/TEXTOS/DisExigenciaExcelencia.html)

Desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios y en el trabajo.

Con frecuencia encontramos personas que asumen este tipo de creencias con gran convicción y que se exigen enormemente a sí mismos. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato” infantil y complacer a otras personas (un padre, un maestro, un jefe…), olvidando muchas veces su propia necesidad, lo que es importante o deseable.

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos que vienen del exterior se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor… Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente.

Las personas comprometidas con la exigencia tienen dificultades para separar “lo que soy” de “lo que hago”, así es que cuando las cosas salen mal lo viven como un gran fracaso; cuando los demás hacen una crítica, lo viven como una crítica personal y sienten amenazada su propia integridad o su profesionalidad. Las personas comprometidas con la exigencia tienen mucha más dificultad para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias.

La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta. En el camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración…  Si algo sale mal, no soy yo, es una parte de mi hacer que se puede mejorar.

Las personas comprometidas con la excelencia viven el error como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo.

La excelencia nos permite conectar con aquello que queremos realmente, lo que nos gusta y nos hace trascender. Por este motivo decimos que, desde la excelencia, la posibilidad de conseguir resultados aumenta considerablemente.

EXIGENCIA EXCELENCIA
Se orienta al hacer Se orienta al ser
Busca complacer a otros Busca cumplir mi verdadero deseo
Busca “más” resultados Busca compromiso
Busca cuidar la imagen Busca cuidar la autenticidad
Lo importante es la meta Lo que importa es el camino
No es suficiente, esfuérzate más Cada paso es un nuevo aprendizaje
Genera insatisfacción Genera aprendizaje
No puede celebrar lo que logra Puede celebrar y disfruta el camino
Es menos eficaz Posibilita mejores resultados

Siempre es un buen momento

Mafalda (Autor: Quino)

Por Tomás Vela

Así como Ken Robinson propone que la educación se enfoque en descubrir en qué es superdotado cada uno de nosotros, para poder desarrollar ese aspecto y contribuir al crecimiento de una sociedad más diversa y creativa; el coaching ontológico que este autor y varios de sus colegas practican se ocupa de facilitar los procesos generativos necesarios para que aquellos que crean o quieran creer en ellos mismos puedan transitar dicho descubrimiento de un modo artesanal.

En realidad no hay demasiado mérito del coach en esta causa. Es el coachee (el cliente) quien recorrerá el camino sin mapa hacia su propio descubrimiento, y sólo él el responsable de cada uno de los éxitos que recoja. El coach, como la voz traducida al español así lo indica, sí será responsable de entrenar a su coachee de modo tal que éste se vea y sienta a sí mismo como pura posibilidad, para así lograr aquello que dijo querer lograr. Cuando cada uno (coach y coachee) se conecta con lo mejor de que dispone, o desarrolla recursos nuevos, aparece esa clase de magia que –luego– se ve en los resultados. Pero para eso hay que aprender a crecer.

Robinson dice que sólo aquellos que “desafiaron la imposición de mediocridad del sistema” son felices con su trabajo. Para poder desafiar esa imposición hace falta, sostiene este cronista, primero identificar la tendencia como mediocre y luego recordar que casi ninguna de las características “negativas” de una conducta o persona se van a presentar como tales si quieren ganar adeptos. La cultura (que representa al sistema en cuestión) hablará de “orden establecido”, “reglas del juego”, “globalización”, y demás conceptualizaciones lo suficientemente ambiguas y abstractas como para que poca gente las entienda y cuestione.

En la aceptación del “orden establecido” o en el cuestionamiento del mismo y el trazo de un plan de acciones consecuente con la búsqueda de un nuevo rumbo, la persona pondrá en juego su propia idea de felicidad. No hay un camino correcto o incorrecto, pues esto dependerá de quien lo califique como tal; pero sí miles ajenos. La gran propuesta es apropiarse de los pasos que se dan y elegir del modo más comprometido que nos resulte posible hacia dónde queremos ir y de qué manera hacerlo. Para empezar ese viaje, siempre es un buen momento.

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