Siempre es un buen momento

Mafalda (Autor: Quino)

Por Tomás Vela

Así como Ken Robinson propone que la educación se enfoque en descubrir en qué es superdotado cada uno de nosotros, para poder desarrollar ese aspecto y contribuir al crecimiento de una sociedad más diversa y creativa; el coaching ontológico que este autor y varios de sus colegas practican se ocupa de facilitar los procesos generativos necesarios para que aquellos que crean o quieran creer en ellos mismos puedan transitar dicho descubrimiento de un modo artesanal.

En realidad no hay demasiado mérito del coach en esta causa. Es el coachee (el cliente) quien recorrerá el camino sin mapa hacia su propio descubrimiento, y sólo él el responsable de cada uno de los éxitos que recoja. El coach, como la voz traducida al español así lo indica, sí será responsable de entrenar a su coachee de modo tal que éste se vea y sienta a sí mismo como pura posibilidad, para así lograr aquello que dijo querer lograr. Cuando cada uno (coach y coachee) se conecta con lo mejor de que dispone, o desarrolla recursos nuevos, aparece esa clase de magia que –luego– se ve en los resultados. Pero para eso hay que aprender a crecer.

Robinson dice que sólo aquellos que “desafiaron la imposición de mediocridad del sistema” son felices con su trabajo. Para poder desafiar esa imposición hace falta, sostiene este cronista, primero identificar la tendencia como mediocre y luego recordar que casi ninguna de las características “negativas” de una conducta o persona se van a presentar como tales si quieren ganar adeptos. La cultura (que representa al sistema en cuestión) hablará de “orden establecido”, “reglas del juego”, “globalización”, y demás conceptualizaciones lo suficientemente ambiguas y abstractas como para que poca gente las entienda y cuestione.

En la aceptación del “orden establecido” o en el cuestionamiento del mismo y el trazo de un plan de acciones consecuente con la búsqueda de un nuevo rumbo, la persona pondrá en juego su propia idea de felicidad. No hay un camino correcto o incorrecto, pues esto dependerá de quien lo califique como tal; pero sí miles ajenos. La gran propuesta es apropiarse de los pasos que se dan y elegir del modo más comprometido que nos resulte posible hacia dónde queremos ir y de qué manera hacerlo. Para empezar ese viaje, siempre es un buen momento.

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