Ho´oponopono: El arte de hacerse 100% responsable (Entrevista a Xavier Moya)

Por Carmelo Urso*

 

Carmelo Urso: Hermano Xavier, un gran gusto reencontrarme contigo, tú desde la bella Guadalajara, yo desde la trepidante Caracas. Me gustaría conversar contigo acerca del Ho´oponopono… por cierto, ¡vaya nombre para una disciplina espiritual! ¿Podrías decirles a los lectores y lectoras en qué consiste Ho’oponopono? ¿De dónde es originario?

Xavier Moya: Claro Carmelo; antes de empezar un saludo para ti y para todos los lectores. En estos momentos estoy muy movido, por lo que le está pasando a Haití y además porque dentro de mi familia nuclear tengo uno de mis dos hijos que trabaja en la ONU y es especialista en prevención de desastres y te puedes imaginar dónde está ahora…. el Gobierno de México le solicitó sus servicios a la ONU para que fuera para allá, así que estaba en dos cosas a la vez, la primera semana al servicio del gobierno federal mexicano y la segunda al servicio de las Naciones Unidas.

Fuerte su experiencia y aún cuando él ya ha estado en desastres nunca le había tocado ver tantas muertes humanas, muy fuerte. Yo también conozco Haití, y ojalá sirva para que muchos países nos comprometamos a no permitir nunca más que un país del mundo viva como ha estado viviendo desde hace 100 años Haití, entre miseria y muerte. Como latinoamericanos no lo podemos permitir nunca más ¡es vergonzoso para todos!

Bien, entremos en el tema del Ho’oponopono.
Ho’oponopono, en términos fáciles de entender, podría traducirse como:

 

“CORREGIR UN ERROR”

“Ho” significa “Causa” y “Oponopono” significa “Perfección” o sea volver al estado original, dicho de otra forma… “corregir el error”

La técnica, si se pudiera llamar así, es ancestral y la transmiten de generación en generación los “Cajunas” que serían lo más cercano a nuestros “Chamanes”.

Es una disciplina que más que espiritual a mi me gusta llamarle mental, aun cuando sabemos que espíritu y mente no están separados.

En las comunidades o antiguas tribus indígenas cuando tenían problemas de relaciones entre personas o malas relaciones tribales, aplicaban el Ho’oponopono para resolverlas. Por ejemplo alguien cometía un robo, propiedad de una tribu, para evitar el conflicto tribal los “cajunas” chamanes aplicaban la disciplina mental.

Carmelo Urso: ¿Quién es el Doctor Ihaleakalá Hew Len? ¿Cuál es su aporte en la sistematización del Ho´oponopono?

Xavier Moya: La disciplina fue transmitida al Dr. Len por la “cajuna” Mornah Nalamaku Simeona ya fallecida hace unos años. Lo que hizo el Dr. Len, que es doctor en psicología, fue primero usarla y además adaptarla a los términos actuales en inglés, para que todos la pudiéramos comprender.

Expresaba la “cajuna”: “Nosotros estamos aquí solamente para traer paz a nuestra propia vida, y si traemos paz a nuestra propia vida, todo nuestro alrededor encuentra su propio lugar, su propio ritmo y paz”… ¡¡¡y esto es todo lo que es el Ho’oponopono!!!

Carmelo Urso: Una de las premisas del Ho’oponopono es que “toda cura es auto-cura”. ¿Podrías comentar el significado de este axioma?

Xavier Moya: Bueno, este axioma está claro si primero entendemos o más bien, aceptamos los principios del Ho’oponopono, que son seis:

PRINCIPIOS/CONCEPTOS
a) El universo físico es una realización de mis propios pensamientos.
b) Si mis pensamientos son destructivos (cancerígenos), ellos crean una realidad de enfermedad.
c) Si mis pensamientos son perfectos, ellos crean una realidad desbordando amor.
d) Yo soy 100% responsable de crear mi universo físico tal como es.
e) Yo soy 100% responsable de corregir los pensamientos cancerígenos que crean una realidad de enfermedad.
f) Nada existe allá afuera. Todo existe como pensamientos en mi mente.

O sea, si creemos lo anterior podemos aceptar que “Nada que yo creo existe más que en mi realidad, yo creo mi propia realidad”. Tú creas todo tu mundo físico, con excepción de los “seres conscientes”. Los seres conscientes no los creas, “los invitas a entrar a tu realidad” por decirlo de alguna forma.

Ejemplo: si tu pareja te grita, es porque tú tienes un concepto de pareja que debe gritar, tienes un concepto de pareja que después de ciertos años de convivencia debe ser gritona y poco atenta, ése es tu concepto y él-ella aceptó (así encaja dentro de tu realidad). Pero si tú dejas de ver a tu pareja como alguien que después de cierto tiempo tiene que estar de mal humor y ser poco atenta, entonces se le quita esa forma de ser, porque tú le invitaste y él-ella aceptó; si tú cambias él-ella cambia, se acabó el acuerdo, por así decirlo.

Nuestro “intelecto” no dispone de los recursos para resolver problemas, él solo puede manejarlos y… ¡manejarlos no es resolverlos!

Carmelo Urso: “Perdón”, “Lo siento mucho”, “Te amo” y “Estoy Agradecido” son frases terapéuticas que suelen usarse en Ho´oponopono. ¿Podrías explicar cómo pueden ser usadas para sanar aspectos físicos o emocionales de nuestras vidas?

Xavier Moya: Al hacer el Ho’oponopono tu pides a la Divinidad a la Fuente que limpie y purifique el origen de esos problemas, que son acuerdos, las memorias. Así neutraliza la energía que asociamos a determinada persona, lugar o cosa.

En el proceso esta energía es liberada y transmutada en pura Luz por la Divinidad, la Fuente. Y el espacio mental por así explicarlo, es llenado por Luz Divina.

Al decir “Lo siento mucho” “perdóname” o “te amo”…o “estoy agradecido” varias veces, simbólicamente en nuestra mente significan: “Divinidad limpia en mi lo que está contribuyendo para que yo vea este problema, lo siento mucho ver a esa persona de esta forma tan horrible, perdóname por verla así de horrible, te amo y estoy agradecido porque sé que tú sanarás estas memorias horribles que he venido cargando”.

Yo no las puedo sanar, están en mi inconsciente y no sé como acceder a él, pero tú si sabes. “Gracias”.

“Lo siento mucho” es reconocer que algo (no importa qué, pues no lo sé) penetró en mi sistema de pensamiento, yo quiero el perdón por el cual me atraje eso. Al decir “perdóname” no significa que le pides a la Fuente que te perdone, tú pides a la Fuente que te ayude a perdonarte… ¡¡¡Ojo, no es lo mismo !!!

La palabra ”gracias” ó estoy agradecido es mi expresión de gratitud, mi fe en que será resuelto para el bien mayor de todos los involucrados, (lo cual yo no sé hacerlo pero la Fuente sí sabe) .

“Te amo” transmuta la energía bloqueada que es el problema, en energía fluyendo, te vuelve a unir a la “Fuente”.

No olvides que según uno de los principios escritos anteriormente y en nuestra psicología actual “lo que tú ves de errado en el prójimo también existe en ti” sino fuera así tú no lo podrías ver en el prójimo. A esto se le llama “proyección”.

“Yo soy 100% responsable de crear mi universo físico tal como es”.

Xavier Moya: Este es, el 4° principio del Ho’oponopono, y proviene de un principio anterior el que dice “El Universo físico es una realización de mis pensamientos”.

En la tradición hinduista al universo físico le llaman “Maya”, maya significa ilusión, ó sueño, es algo que yo construyo mentalmente pero que no me doy cuenta que construyo, o sea yo mismo me lo escondo para no aceptar que yo estoy creando mi realidad momento a momento con lo que yo pienso y por las creencias que tengo, (las creencias que aprendí de pequeño que provienen de miles de generaciones antes que la mía, memoria).

Al no darme cuenta lo único que se me ocurre es pensar que yo no tengo poder para nada ni tan solo tengo mente, sólo tengo cuerpo. Por ello alguien más ha de ser responsable de lo que me acontece…..así culpo a otra persona y si no, culpo a un hecho y si no se puede ni a persona, ni a hecho, ni a las circunstancias, en última instancia culpo a la Divinidad.

“Nada existe allá afuera. Todo existe como pensamientos en mi mente”.

No recordamos que tenemos una mente muy poderosa, no recordamos que el cuerpo no es el que piensa, ni dirige, el cuerpo sigue los dictámenes de la mente, así es como todo funciona bien o mal en mi cuerpo, mis células, mis funciones internas, todo, todo tiene que ver con quien lo dirige, y el director es mi mente. (Aclaro mi mente no es mi cerebro, mi cerebro es un receptor para el sistema nervioso del cuerpo físico).

Luego pues, fuera de mi cuerpo no hay nada, ni mundo, ni universo, ni nada, todos somos una sola mente, un solo espíritu, pero creemos que somos muchos cuerpos.

Sin embargo esta mente es tan poderosa que crea imágenes, proyecta, percibe, etc.… y nosotros no lo sabemos y sólo percibimos, por tanto no entendemos que nos sucede, así de esta forma nos enojamos, reímos, atacamos o somos amorosos, aún que en la mayoría de ocasiones no tenemos consciencia profunda de nuestras reacciones y por tanto de lo que actuamos.
Carmelo Urso: Xavier, ¿cómo fue tu encuentro personal con el Hooponopono? ¿Qué aspectos de ti mismo –vale decir, del Universo entero- te ha permitido sanar?

Xavier Moya: Pues mira ya sabes que desde hace muchos años soy facilitador de Un Curso de Milagros, y como tal cuando a mi me regalaron el primer manual de Ho’oponopono y lo leí, me quedé boquiabierto porque me dije eso tiene los mismos principios que Un Curso de Milagros y proviene de una tradición muy alejada del continente americano, pero muy sabia. Luego tomé el curso de actualización con el Dr. Len vía internet, con traducción simultánea al español desde Los Angeles con una maravillosa mujer que también facilita el taller y es una gran conocedora que se llama Mabel Katz.

La sanación es una decisión, el estar enfermo es una decisión, entonces, decidir sanarte es decir “quiero ver la vida desde otro ángulo, no la quiero ver como me la han enseñado, ¡que no es posible verlo de otra forma? Y con esta aseveración dicha desde el corazón, te empiezan a llegar formas para ti, y en mi caso además de ser en primera instancia para mi, también son para que las transmita a los demás, porque a eso me dedico.

Ya me conoces Carmelo que yo no me cuezo en el primer hervor, tengo más de 60 años y te puedo decir que aunque soy como cualquier otro ser humano, no estoy enfermo, no me duele nada, y si alguna vez siento incomodidad de alguna parte del cuerpo me digo…. Que está sucediendo contigo, que memoria…que creencia..y generalmente la descubro. Curar es cosa fácil cuando podemos darnos cuenta pronto de que se trata el pensamiento, seguido de emoción, seguido de bloqueo energético a nuestro cuerpo, curar con las manos es fácil.

En mis momentos obscuros (que también tengo), afortunadamente cada vez me duran menos tiempo porque me doy cuenta antes de lo que me sucede, he aplicado la técnica del Ho’oponopono y hablando en plata, lo que es mas difícil es la constancia, porque el momento del mundo que estamos viviendo no valora el esfuerzo, no valora la constancia, valora lo opuesto, lo rápido, lo fácil, luego pues tenemos problemas cuando se trata de ser constante, y esta técnica requiere constancia y como nuestra mente ego va en contra nuestra, y nos empieza a bombardear con ideas, como: eso no sirve ¿te das cuenta? Ya hace días que lo estás haciendo y nada sucede!!! Estas perdiendo el tiempo!!!

Pero los cajunas lo que tenían era tiempo, ellos vivían para resolver problemas de su comunidad y por tanto le dedicaban una parte grande del tiempo diario al trabajo.

De hecho lo maravilloso y increíble de lo que logró el Dr. Len de curar un grupo grande de personas agresivas y sicóticas de un hospital siquiátrico, solo con aplicar la técnica de Ho’oponopono, le requirió meses de trabajar diario muchas horas con los expedientes de cada uno de los enfermos, sin siquiera tener contacto con ellos, para él era su trabajo y de eso vivía.

Carmelo Urso: Xavier, ¿qué similitudes y conexiones podrían establecerse entre el Ho’oponopono y “Un Curso de Milagros”?

Xavier Moya: Mira la similitud está en lo esencial, y lo esencial del Ho’oponopono son sus principios que yo los expongo en seis.

El último principio que reza “NADA EXISTE ALLÍ AFUERA. TODO EXISTE COMO PENSAMIENTOS EN MI MENTE” es el mismo que propone y enseña Un Curso de Milagros. Las personas de pronto tratan de adaptar UCDM a su religión y la mayoría lo logran pero eso no es lo que enseña el Curso. El curso nos enseña que este mundo que vivimos no es real, es real para los sentidos porque para eso fueron creados, pero eso no significa que sea verdadero, es real dentro de mi mente ahí está el engaño.

Yo creo que lo que veo es real, porque mis ojos me lo dicen o mis oídos lo escuchan pero no entendemos que son construcciones mentales, de ahí que en estos cursos aprendemos a “perdonar” por lo que “no” nos han hecho. Nuestra percepción es el resultado de nuestra “proyección” y entonces vemos lo que queremos ver, eso en el sistema de pensamiento del mundo, el cual hemos aprendido, es un pensamiento inaceptable y mentalmente demente. Acepto que cuando digo “mundo” me refiero a cualquier persona que no esté en el mundo de la terapia y de la sicología. Yo soy terapeuta Guestalt y en nuestro mundo esas ideas son no solo aceptables sino necesarias para pode acceder a ser terapeuta.

Y en Ho’oponopono sucede lo mismo “NADA EXISTE ALLÍ AFUERA, TODO EXISTE COMO PENSAMIENTOS EN MI MENTE”

El Ho’oponopono es un taller fantástico si la persona se compromete a practicar, no es suficiente saberlo, no es suficiente asistir y quedarse con el manual que yo facilito a mis alumnos que toman el taller, necesitamos hacerlo nuestro y eso lo logramos de la misma forma que aprendimos a hablar, repitiendo, repitiendo muchas veces, para que se nos haga un pensamiento reflejo.

Carmelo Urso: Hermano, explícale a los lectores y lectoras de Iberoamérica dónde facilitas tus talleres de Ho’oponopono y cuanto duran.

Xavier Moya: Pues normalmente facilito el taller en un espacio donde los asistentes estén lejos de sus casas, es importante el desconectarse de los teléfonos celulares móviles, las responsabilidades del hogar y del trabajo. Solemos estar en un hotel que sea muy tranquilo, o en ocasiones en casas de ejercicios que tengan jardines para practicar, ya que tenemos tiempos de práctica durante el taller.

El taller Ho’oponopono tiene una duración de día y medio, o sea necesitamos estar una noche fuera de casa. Lo expongo en tres bloques de 4 horas cada uno, por ejemplo una tarde y el día siguiente completo. La disciplina del Ho’oponopono utiliza mucho “El niño interior” por lo que se nos hace obligatorio a lo largo del taller utilizar dos largas meditaciones para entrar en el espacio de “mi niño interior”. Es un taller muy amoroso y nada complicado, porque te va llevando de la mano a espacios interiores sin tanto miedo.

Fue un placer Carmelo, haber podido responderte estas preguntas de este taller Ho’oponopono que yo imparto varias veces al año en distintos lugares de la republica mexicana.

Un gran abrazo hasta Venezuela.

 

(*) Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com
twitter: @carmelourso
http://twitter.com/carmelourso

Xavier Moya
www.milagrosgdl.com.mx

Fuente: http://carmelourso.wordpress.com/2010/02/08/ho%C2%B4oponopono-el-arte-de-hacerse-100-por-ciento-responsable-entrevista-a-xavier-moya/
Imágenes: http://carmelourso.files.wordpress.com/2010/02/te-amo.jpg y http://carmelourso.files.wordpress.com/2009/09/xavier-moya.jpg

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Reencarnación

Por Dr. Norberto Levy

 

 

 

¿Tuvimos otras vidas?

Preguntarnos acerca de otras vidas implica preguntarnos: ¿para qué tener varias vidas? ¿Quién las tiene?, ¿hay algún estado a alcanzar? Y en ese caso ¿cuál es  y cómo se llega hasta allí?

Para intentar responder estas preguntas vamos a apelar a una metáfora. Imaginemos que cada hoja de un árbol tuviera conciencia, nombre y apellido, parientes y amigos, que recordara sus experiencias, etc. y que pudiera decir: “yo soy esta hoja que soy”. Cuando llega un nuevo otoño se pone amarilla, se va secando, se siente envejecer, y un día muere y cae. Podemos imaginar qué sentiría antes de morir: “Todo se acaba para mí. Soy hoja y eso está terminando. ¡Qué dolor!, ¡qué pena!, ¡qué miedo…!

 

¿Eso es lo que llamamos angustia ante la muerte?

Exactamente. Imaginemos ahora que después de muchos ciclos, una nueva hoja que nace, siente: “En realidad lo que yo soy es árbol. Soy árbol experimentándome como hoja. Viviré durante un tiempo esta experiencia de ser hoja…”.  Cuando la hoja ha desarrollado “conciencia de árbol”, sabe que al morir en el próximo otoño, no morirá completamente, que lo que termina es sólo una forma, un ciclo que finaliza. Algo similar a lo que sentimos los humanos cuando completamos cualquier ciclo de nuestra vida.

 

¿Y cómo se pasa, siguiendo con su metáfora, de “la conciencia de hoja” a la “conciencia de árbol”?

Ese es precisamente el punto central. Esa expansión de conciencia no es inmediata. Necesita recorrer un camino, realizar un aprendizaje.   Cuando la “conciencia de hoja” nace, está tan enfocada en esa condición que sólo se percibe como hoja: su color su forma, lo que puede y no puede hacer… Mira a su alrededor y sólo percibe diferencias. Hojas, todas distintas. Es conciente de sí misma y se siente sola y separada del resto.

En el plano humano ocurre algo semejante: necesitamos recorrer muchas experiencias para que la conciencia individual pase de “conciencia de hoja” a otro nivel más expandido: “conciencia de árbol” en la metáfora, o “conciencia de ser” en el nivel humano. La extensión de ese camino, en la mayoría de los casos, supera largamente la duración de una vida individual. Es en este contexto en el que podemos imaginar una sucesión de vidas individuales. Desde esta perspectiva, entonces, cada vida individual puede ser concebida como un domicilio temporario en el cual la conciencia hace su proceso de aprendizaje y crecimiento. Ese sería el para qué de tener varias vidas.

 

¿Y qué es lo que tenemos que aprender?

A mi juicio, lo que básicamente tenemos que aprender es que somos “hojas” integrantes y concientes del “gran árbol universal”, que la trama que nos constituye es el Amor y poder expresar ese Amor en la Tierra.

Cuando sólo nos percibimos como individuos separados -como hojas sueltas- y nos relacionamos con otros, surge, desde el miedo, la necesidad de acumular, poseer, dominar, y ese es el caldo de cultivo de todas las batallas. Esto es lo que se expresa en el mito de Caín y Abel, el primer crimen en el Antiguo Testamento. Caín mata a Abel porque se siente excluido ante Jehová.  La conciencia que cometió ese crimen alberga también, en un nivel más profundo, un intenso dolor y una necesidad de reparación. Las peripecias que recorre para realizar ese aprendizaje es parte de la trama argumental de las experiencias que atravesará, hasta resolverlo. ¿Y qué quiere decir resolverlo? Estar en condiciones de enfrentar la misma escena y poder producir otra respuesta, que resuelva la situación de exclusión, de un modo que sea consensuada por ambos y en la que no haya daño para los protagonistas.

Y hay muchos “Caínes y Abeles” en este momento recorriendo ese itinerario.

Naturalmente que cuando hablamos de estos procesos estamos hablando no sólo de la individualidad particular, acotada en el nombre y apellido, sino también de otro nivel de  identidad, más profundo, que solemos llamar el alma.

 

¿Qué es el alma y en que se diferencia del cuerpo y del espíritu?

Siguiendo con la metáfora, el espíritu es la “conciencia de árbol” que está presente en todas las partes del árbol y en ninguna parte en especial. El alma es la “conciencia de árbol” en la hoja, es decir es el punto focal de la “conciencia de árbol”. Por lo tanto es la conexión que la hoja tiene con el árbol. Por último, el cuerpo está representado por los componentes físicos concretos de la hoja.

Cuando describimos estas diferentes dimensiones podemos reconocer en “la hoja” varios niveles de identidad, todos coexistentes. Tanto la hoja particular que nació en alguna primavera y morirá en algún otoño, como esa matriz básica, esa otra identidad, presente también en la misma hoja y que es similar a la que existía en la hoja del año anterior y continuará en la que la sucede.

Algo equivalente nos ocurre a los seres humanos: luego de siete años hemos renovado todas las células de nuestro cuerpo, pero mantenemos las matrices básicas alrededor de las cuales se forman las nuevas células. De modo que en el plano estrictamente físico somos completamente distintos, pero en las pautas de organización seguimos siendo los mismos, en otro cuerpo. En ese sentido podríamos hablar también de “reencarnación”. Si la percepción de mí mismo quedara enfocada exclusivamente en las células particulares que me constituyen no podría reconocerme como una misma identidad a través de los años.

Lo presento así para que podamos ver los diferentes niveles en los que se manifiesta el proceso de “reencarnación”.

 

¿Ud. cree que tuvo otras vidas?

Tal vez estén en mí, como en todos, todas las vidas que tuvo la vida hasta hoy, aunque en cada uno tengan un diferente grado de énfasis, de presencia; Creo que las matrices, ciertas modalidades y conflictos básicos que ahora estoy viviendo en el envase Norberto Levy tuvieron formas previas de manifestarse. Llegaron hasta acá y continuarán hasta su resolución y renovación, ya sea en este envase o en el que le suceda.

También creo que las formas particulares a través de las cuales fueron vividos dichos temas básicos han ido gestando una cierta identidad de conciencia, que en otro nivel más profundo, también soy. Cuando me conecto con ese plano,  tengo la sensación de que con mi muerte física no terminará la experiencia de esa conciencia, aunque la individualidad Norberto Levy, sí siento que terminará.

De modo que la respuesta a tu pregunta depende del nivel de mi identidad sobre el cual me enfoque.

 

¿Cuáles son esos temas básicos?

Los seres humanos experimentamos relaciones básicas y universales: La relación madre-hijo, padre-hijo, hermanos, amigos, la relación con la pasión amorosa, la pareja, el trabajo, la creación, la declinación y la muerte, etc. Es algo así como el programa de materias que cursamos.  Necesitamos aprender a realizarlas de un modo amoroso para que cumplan su función esencial, que es la de ser un camino de crecimiento y disfrute. Frecuentemente no ocurre así y surgen conflictos. El mito de Caín y Abel del cual antes hablamos metaforiza el conflicto entre hermanos. Esa matriz conflictiva sigue su curso hasta que se resuelve. Algo similar a lo que ocurre entre los lobos: en los comienzos de la evolución cuando luchaban por la hembra o el territorio, la batalla terminaba con la muerte de uno de ellos. Luego de reiterar esa modalidad innumerables veces realizaron un aprendizaje y lograron resolver ese problema de otra manera: el que está siendo derrotado ofrece el cuello a su rival, y entonces el vencedor da por terminada la pelea, se aleja hacia el sitio más alto del terreno y se para allí mientras el otro se va. Este es un modelo típico de mejoramiento en la solución de un conflicto. Han resuelto ese tema con el mínimo daño de los protagonistas.

Los seres humanos recorremos un camino semejante.

Así como la herida marcha hacia la cicatrización, la conciencia marcha hacia la solución, cada vez más amorosa y resolutiva, de los conflictos destructivos que experimenta.

 

¿Es de alguna utilidad recordar vidas anteriores para resolver un conflicto?

Las vidas anteriores sin duda despiertan una fascinación mística. En parte porque vislumbrar la posibilidad de haber tenido vidas anteriores implica que es razonable pensar que habrá nuevas vidas después de ésta. En última instancia remite a ese nivel de la identidad que trasciende nuestra individualidad actual. Pero en relación a si es necesario para resolver un conflicto actual te diría que no es necesario. Stan Groff dice: “Por supuesto que todo lo que le pasa a una persona depende de lo que le ocurrió en los últimos cinco mil millones de años…”  Es una manera de expresar la inabarcable vastedad del pasado en cada uno. Y sin embargo, todo ese pasado está presente en el ahora, se explora en el ahora y se resuelve en el ahora.

 

¿Podría dar un ejemplo?

Tengo un conflicto con la exigencia: me siento exigido y eso me abruma y paraliza. En esta situación, los dos roles: el exigente y el exigido, son partes mías y están presentes ahora. Mi parte exigente demanda imperiosamente resultados, y mi parte exigida no es escuchada ni asistida. Trata de adecuarse a las órdenes que recibe pero como no está psicológicamente instrumentada, no produce los resultados que se le exigen. Entonces acumula impotencia y resentimiento. De ese modo se genera un círculo vicioso que produce cada vez más impotencia y exigencia. Si hago una experiencia de regresión puedo recordar que mis padres me trataban así, y si continúo más allá puedo evocar memorias en la edad media en las que me siento un campesino forzado a pagar más impuestos de los que puedo. Puedo seguir y verme como un esclavo egipcio obligado a latigazos a construir las pirámides… y así sucesivamente. Y también puedo evocarme en el rol opuesto: el de exigente, y recordarme como el implacable recaudador de impuestos o el Faraón que obligaba a sus esclavos sin miramientos. Y así puedo seguir, cada época ofrecerá una escenografía específica…y muy probablemente cierta. ¿Pero esos recuerdos curarán la exigencia? No. Sólo aportarán los antecedentes históricos del problema. La exigencia se cura cuando el exigidor actual vive y comprende el error de la creencia en la que se apoya, percibe el efecto contraproducente que genera sobre el exigido y comienza a escucharlo y asistirlo. Y como te dije antes eso ocurre en el ahora, se explora en el ahora y se resuelve en el ahora. Este problema es tan frecuente que en mi libro La Sabiduría de las Emociones destino un capítulo a mostrar en detalle cómo es ese aprendizaje. Pero este aprendizaje trasciende el tema de la exigencia y está presente por igual en todas las emociones y vínculos conflictivos.

 

¿Eso quiere decir que uno puede trascender su propia historia?

Efectivamente. Cuando uno se familiariza con las pautas de los vínculos conflictivos: exigidor-exigido, dominador-dominado, reprochador-reprochado, vencedor-vencido, controlador-controlado, etc. trasciende las formas particulares a través de las cuales dichos vínculos se expresan. Sé que puedo recorrer toda la historia -tanto la personal como la transpersonal- y encontrar en cada época una forma que le es propia a cada personaje de ese conflicto, pero ya no me centro en la forma sino en la esencia de ese vínculo. Y esa esencia está absolutamente presente en el ahora.

 

¿Puede ser que en otras vidas hayamos sido un animal o una planta?

Para muchos místicos sí y lo que afirman es que cuando una conciencia se expande crece hasta el punto en el que trasciende la comprensión que abarcaba hasta ese momento y puede penetrar en una sabiduría mayor.

 

¿Podemos ser un sabio en una vida, y un dictador en la siguiente?

Si la pregunta es si regresamos a formas inferiores de conciencia, la respuesta es que para el propósito del alma de crecimiento hacia la conciencia de Unidad, esa regresión no cumpliría ninguna función.

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¿Si pudiéramos hacerlo, elegiríamos nacer a esta vida?

Cuenta la tradición hebrea que hace mucho tiempo, los más altos rabinos fueron demandados por la comunidad a responder una pregunta similar: ¿Nacer, es una bendición? Luego de intensas jornadas de debate, como los rabinos no lograban ponerse de acuerdo, hicieron una votación, y el resultado fue: empate. La comunidad reclamaba una respuesta y entonces apelaron a un recurso extremo: Podían convocar a Dios, sólo una vez cada diez años, y decidieron utilizar esa oportunidad. Ya delante de El, un grupo le describió la belleza, la alegría, el éxtasis del amor que encontraban en la vida, y el otro grupo le describió la violencia, el maltrato, la codicia y la injusticia humana que veían. Dios dijo: He escuchado todas las voces… y no puedo inclinar la balanza… Los insto a que de aquí en más vivan de una manera tal que permita que la próxima vez que tengan que dar respuesta a esa pregunta, puedan afirmar que nacer es una bendición. 

 

¿Existe algún momento en que no sea necesario reencarnar mas?

Cuando se haya experimentado y reconocido, en forma total y completa, la propia Divinidad. Volviendo ahora a la metáfora del comienzo: cuando la hoja se reconoce plenamente como hoja y simultáneamente siente y sabe que ella es Árbol.

 

 

(Fuente: Entrevista brindada a F. Cataldo para  “Salud Alternativa”)

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