Zona de Confort & Zona de Aprendizaje

Idea: Matti Hemmi
Dibujo: Ramón Rodríguez
Realización: Haiku Films

 

 

Logan Laplante es un niño de 13 años que fue sacado del sistema tradicional de educación para ser enseñado en casa, mira su video y aprende, tiene mucho que enseñarte

Video con subtítulos en español: http://www.upsocl.com/comunidad/esto-es-lo-que-pasa-cuando-un-nino-de-13-anos-abandona-la-escuela/

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Felicidad y Creatividad

Por Mihaly Csikszentmihalyi*

Las personas creativas difieren las unas de las otras en muchos aspectos, pero en uno son unánimes: todas aman lo que hacen. No es la esperanza de lograr fama o riqueza lo que las conduce; en vez de eso, es la oportunidad de hacer el trabajo que ellas disfrutan haciendo lo que las guía. Debemos asumir que no es lo que ellos hacen lo que cuenta, sino que cómo lo hacen.

 
Programados para la creatividad
Cuando se le da una lista a la gente preguntándole acerca de la mejor descripción de lo que disfrutan hacer más, la respuesta más frecuentemente elegida es el “diseñar o descubrir algo nuevo”. Pero la evidencia sugiere que por lo menos hay un grupo de gente que disfrutaría descubriendo y creando sobre todo lo demás.
Debido a mutaciones aleatorias, algunos individuos han desarrollado un sistema nervioso en el cual el descubrimiento de novedades estimula los centros de placer en el cerebro. Probablemente somos los descendientes de ancestros que reconocieron la importancia de la novedad, protegieron a aquellos individuos que disfrutaban siendo creativos y aprendieron de ellos. Debido a que tenían con ellos a individuos que disfrutaban explorando e inventando, estaban mejor preparados para enfrentar las condiciones impredecibles que afectaban su supervivencia. Nosotros también compartimos la habilidad para disfrutar casi todo lo que hacemos y podemos crear y descubrir algo nuevo al hacerlo. Esta es la razón por la cual la creatividad es tan placentera, no importa donde tenga lugar.
Pero hay otra fuerza que nos motiva, y es más primitiva y más poderosa que la tendencia a crear: la fuerza de la entropía. Esta también es un mecanismo de supervivencia construido en nuestros genes por la evolución. Nos da placer cuando estamos cómodos, cuando estamos relajados, cuando podemos sentirnos bien sin gastar energía. Sin este regulador interno podríamos agotarnos fácilmente y no tener las suficientes reservas de fuerza, grasa corporal, o energía nerviosa para enfrentarnos a lo inesperado.
Todos nosotros somos atraídos entre estos dos sets opuestos de instrucciones programadas en el cerebro. En la mayoría de los individuos la entropía parece ser más fuerte, y disfrutan la comodidad más que el desafío del descubrimiento. Unos pocos son más reactivos a las recompensas del descubrimiento. A menos que haya la suficiente gente motivada por el placer que proviene del enfrentamiento de los desafíos, no hay evolución de la cultura, ni progreso en los pensamientos o sentimientos. Así que es importante entender mejor en qué consiste el placer y cómo la creatividad lo puede producir.

 
¿Qué es el placer?
Ciertas personas dedican muchas horas a la semana a su trabajo sin ninguna recompensa de dinero o fama. ¿Por qué continúan haciéndolo? Está claro al hablar con ellos que lo que los mantiene motivados es la calidad de la experiencia que sienten en ese momento. Este sentimiento a menudo incluye esfuerzos dolorosos, arriesgados, que presionan la capacidad de la persona, y también incluye un elemento de novedad y descubrimiento.
Yo llamo a esta experiencia “flujo”, porque mucha gente –artistas, atletas, científicos, gente común y corriente- han descrito el sentimiento en palabras similares. El flujo es un estado de conciencia que consume poco esfuerzo aunque está altamente focalizado. Y las descripciones no varían mucho según cultura, género o edad.
En las entrevistas, la gente menciona repetidamente ciertos elementos clave en sus impresiones de esta experiencia placentera:
Hay metas claras en cada paso del camino: en el estado de flujo siempre sabemos lo que debemos hacer.

 

  • Hay un feedback inmediato a las propias acciones: en un estado de flujo, sabemos lo bien que lo estamos haciendo. Mantener el flujo en el contexto de una sociedad indiferente puede ser difícil. Evidentemente, aquellos individuos que continúan haciendo un trabajo creativo son aquellos que pueden darse feedback a ellos mismos, sin tener que esperar recibirlo de los expertos.
  • Hay un balance entre los desafíos y las habilidades: en el estado de flujo, sentimos que nuestras habilidades están bien ajustadas para las oportunidades de acción. En el día a día a veces sentimos que los desafíos son demasiado altos para nuestras habilidades o que nuestro potencial es mayor que las oportunidades para expresarlo.
  • La acción y la conciencia están unidas: en la experiencia de cada día, nuestras mentes a menudo están separadas de lo que hacemos. En estado de flujo, nuestra concentración está enfocada en lo que hacemos. Una mente unificada es requerida para el ajuste cercano entre los desafíos y las destrezas, y se hace posible por la claridad de las metas y la constante disponibilidad de feedback.
  • Las distracciones son excluidas de la conciencia: somos concientes sólo de lo que es relevante aquí y ahora. El flujo es el resultado de la concentración intensa en el presente, la cual nos alivia de los temores usuales que causan depresión y ansiedad en la vida diaria. Las distracciones interrumpen el flujo, y puede tomar horas recuperar la paz mental necesaria para continuar con el trabajo. Mientras más ambiciosa sea la tarea, más tiempo toma que uno se sumerja en ella, y más fácil es distraerse.
  • No hay miedo al fracaso: en el estado de flujo, estamos demasiado envueltos como para estar preocupados por el fracaso. Sabemos lo que debe ser hecho, y nuestras destrezas están potencialmente adecuadas a nuestros desafíos. Si el desafío se vuelve muy grande, un sentimiento de frustración surge en vez de placer.
  • La auto conciencia disminuye: en estado de flujo, estamos demasiado envueltos en lo que hacemos como para preocuparnos acerca de proteger el ego. Paradójicamente, el Yo se expande a través de actos de auto olvido.
  • Se distorsiona el sentido del tiempo: generalmente, en el estado de flujo nos olvidamos del tiempo, y las horas pueden pasar en lo que parecen ser unos pocos minutos. O pasa lo contrario: a una figura del skate puede parecerle que una vuelta que sólo dura un segundo en tiempo real parece alargarse por mucho más. Nuestro sentido de cuánto tiempo pasa depende de qué estamos haciendo.
  • La actividad se vuelve un fin en sí misma: mucho de lo que hacemos no es solamente por placer, sino que para lograr una meta. En muchos sentidos, el secreto para la felicidad es aprender a obtener el flujo de casi todo lo que hacemos, incluyendo el trabajo y las labores familiares. Si casi todo lo que hacemos vale la pena hacerlo por sí mismo, entonces no hay nada desperdiciado en la vida.

 
Flujo, felicidad, y el futuro.
¿Cuál es la relación entre flujo y felicidad?, es tentador concluir que los dos son la misma cosa; sin embargo, la conexión es más compleja. Cuando estamos en flujo, no siempre nos sentimos felices, porque sentimos sólo lo que es relevante para la actividad. La felicidad es una distracción. Es sólo cuando salimos del flujo, al salir de una sesión o en momentos de distracción, que podemos sentirnos felices.
A mayor flujo que experimentemos en la vida diaria, más probable es que nos sintamos felices en general.

Desafortunadamente, mucha gente encuentra que los únicos desafíos a los que puede responder son la violencia, el juego, sexo desordenado, o drogas. Tales experiencias pueden ser placenteras, pero estos episodios de flujo no agregan un sentimiento de satisfacción y felicidad con el pasar del tiempo. El placer no conduce a la creatividad, sino que pronto deriva en adicción.
El vínculo entre el flujo y la felicidad depende de si la actividad productora de flujo es compleja, si conduce a nuevos desafíos y de esta manera al crecimiento personal y cultural.
El problema es que es más fácil encontrar placer en cosas que son más fáciles, en actividades como el sexo y la violencia que están ya programadas en nuestros genes. Es mucho más difícil aprender a disfrutar el hacer cosas que hemos descubierto recientemente en nuestra evolución –tales como manipular sistemas simbólicos a través de las matemáticas o componer música- y aprender acerca del mundo y nosotros mismos.
Las escuelas generalmente fallan en enseñar lo bella que puede ser la ciencia y las matemáticas; ellas enseñan la rutina de la literatura e historia en vez de la aventura.
Es en este sentido que los individuos creativos viven vidas ejemplares. Ellos muestran lo interesante y placentera que puede ser una actividad simbólica compleja.

 
Desarrollando tu creatividad –y felicidad
Aquí se nombran unas cuantas sugerencias para incrementar tu creatividad y felicidad personal:

 

  • Trata de sorprenderte por algo cada día.
  • Trata de sorprender al menos a una persona cada día.
  • Escribe cada día qué te sorprendió y cómo sorprendiste a los otros.
  • Cuando algo te parezca interesante, síguelo.
  • Reconoce que si haces cualquier cosa bien ésta se vuelve placentera.
  • Para mantener el placer por algo incrementa su complejidad.
  • Deja tiempo para la reflexión y relajación.
  • Descubre qué te gusta y qué odias de la vida.
  • Comienza a hacer más de lo que te gusta y menos de lo que odias.
  • Descubre una forma de expresar lo que te mueve.
  • Mira los problemas desde todos los puntos de vista posibles.
  • Ten tantas ideas como sea posible.
  • Trata de producir ideas originales.

 

 

(*) Artículo inicialmente publicado en la revista “The futurist” en Septiembre-Octubre de 1997

Fuentes:
-The Futurist (http://www.wfs.org/futurist)
-Wasabi (http://blogwasabi.blogspot.com.ar/2007/10/felicidad-y-creatividad-mihaly.html)
-Neuronilla (http://www.neuronilla.com/index.php?option=com_content&view=article&id=450/86)
-Imagen: http://www.estuimagen.com/felicidad2371/

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La alegría de los libros

Por Sean Ohlenkamp

 

Fuente:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=SKVcQnyEIT8
Información complementaria (inglés): 
After organizing our bookshelf almost a year ago (http://youtu.be/zhRT-PM7vpA), my wife and I (Sean Ohlenkamp) decided to take it to the next level. We spent many sleepless nights moving, stacking, and animating books at Type bookstore in Toronto (883 Queen Street West, (416) 366-8973).
Everything you see here can be purchased at Type Books.
Grayson Matthews (http://www.graysonmatthews.com/) generously composed the beautiful, custom music. You can download it here: http://itunes.apple.com/album/awakenings-single/id496796623

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Ego vs. Autoestima sana

Por Eckhart Tolle

 

 

 

(Fuente: http://youtu.be/i22vb2GDW7M)

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Frases que hacen daño

Dr. Norberto Levy

 

 

“Vos no querés curarte”; “Te resistís a crecer”; “Tenés miedo al éxito”…

¿Cuántas veces escuchamos, pensamos y hasta pronunciamos tales palabras?

La propuesta de este especialista implica un completo cambio de paradigma.

 

 

Existen una serie de conceptos que utilizamos con frecuencia para describir estados emocionales y que ya  forman parte de nuestro modo habitual de explicar lo que vemos. Es importante identificarlos porque, desde la perspectiva que presento, son errores generalizados que hacen daño.

Examinaré algunos de ellos y mostraré desde que concepciones surgen.

 

DOS COSMOVISIONES

 

El representante más radical del dualismo fue Mani, pensador persa (215-276 d.C.) de quien deriva el término maniqueísmo, cuya afirmación central es que la realidad está constituida por dos principios opuestos e irreductibles entre sí y que existe una lucha eterna entre el bien y el mal.

La concepción no–dual, que tiene en Plotino, filósofo griego (205-270 d.C.) a uno de sus más conspicuos representantes, afirmaba que “todo lo manifestado fluye desde el Uno, omniabarcante y omnitrascendente, origen y raíz de todo lo existente”.

 

 

Nivel Psicológico

 

Estas dos cosmovisiones tienen su correlato en el nivel psicológico. Para decirlo de un modo breve y sencillo, la frase que mejor refleja a la concepción dualista es: En el corazón humano hay un eterno combate entre los impulsos constructivos y los destructivos (eros y tanathos).

Y para la concepción no-dual: En el corazón humano hay un continuo proceso de autorregulación en curso.

Estas diferentes visiones se ponen de manifiesto en la manera en cada una explica el odio y la destructividad.

Para el dualismo la causa última del odio es la destructividad primaria que todos los seres humanos albergamos.

Para la concepción no-dual la causa última del odio es amor frustrado,  confundido y desesperado, al que se suman las conclusiones equivocadas surgidas de la inmadurez y la ignorancia.

Cuando en alguien se frustra su necesidad de un trato amoroso, y eso le ocurre de un modo prolongado, desde su dolor,  enojo e inmadurez produce conclusiones acerca de porque sucede eso. “Esto pasa porque a nadie le intereso” “nadie se interesa por nadie” “la vida es un combate permanente y destruyo o me destruyen”, etc. En la medida que su percepción de la realidad se va forjando sobre esas conclusiones va desconectándose de su propia energía  solidaria y va activando una actitud de guerrero impiadoso de la vida. Allí prima el sálvese quien pueda, el no me importan los otros, matar o morir, etc.

Y así es como se van eslabonando las experiencias que desembocan en las acciones más destructivas

La madre Teresa de Calcuta mostraba su mano abierta y tendida y decía: “todos comenzamos así. Cuando esa actitud ha sido frustrada muchas veces, terminamos  así”, y mostraba su mano transformándose en el gesto del revólver.

Esta bella metáfora ayuda a recordar no sólo cuál es nuestra energía original si no también que aún quien ya tiene instalado en su vida el gesto del revólver, en lo profundo de sí conserva, en latencia, la actitud de la mano abierta y tendida. Puede estar muy lejos de esa parte de sí, pero es muy distinto pensar que esa parte está, aunque lejos, que pensar que no existe.

Desde la perspectiva dual surge la pregunta: ¿por qué hay tanto mal sobre la tierra? Desde la perspectiva no dual la pregunta que surge es: ¿porqué hay tantos deseos insatisfechos, porqué hay tanta confusión, porqué hay tanta ignorancia, porqué hay tanto desamparo?

 

 

Errores generalizados más frecuentes

 

“Vos te resistís a curarte”

René llega tarde a una sesión y ella misma dice: “Es mi resistencia a curarme”. Conversamos algunos minutos sobre esa conclusión y se puso en evidencia que era algo que había escuchado muchas veces y que ya lo había incorporado como explicación cierta de actitudes suyas. Esta evaluación se apoyaba en la creencia de que existía en ella un impulso destructivo primario que rechazaba su curación.

Le transmití lo que tengo por cierto y es que no hay fuerza más poderosa en el ser humano que la que tiende a la curación de cualquier desequilibrio.

Cuando uno ha percibido dicha fuerza en sí mismo, cuando habla desde allí y se conecta con ese nivel de funcionamiento en quien lo escucha, activa un plano mucho más profundo y  relevante de las fuerzas que en él están operando.

Desde ya que pueden existir temores o resistencias a curarse, pero son expresión de  culpas no resueltas y malentendidos que provienen de niveles más superficiales y como tales hay que ubicarlos. La relación de significación entre ambas fuerzas es equiparable a la que existe entre la luz de una linterna y la luz del sol.

Cuando uno reconoce esa “luz del sol” y su potencia dentro de uno, ese es el eje que da proporción y significado al resto de las fuerzas operantes.

Lo principal vuelve a ser principal y lo secundario vuelve a ser  secundario.

Cuando esto no ocurre uno queda desconectado de una de sus mayores fuentes de energía.

 

“A vos nada te viene bien”

Beatriz, una alumna, se quejaba reiteradamente de su soledad, y un compañero la invita al teatro. Ella dice que no. Sus compañeros le dicen: “Te quejás de tu soledad y cuando recibís una invitación a salir, decís que no. ¡A vos nada te viene bien! ¡Saboteás lo que deseás!”

La respuesta de Beatriz es sin duda contradictoria con los deseos que expresaba y los comentarios de sus compañeros parecen correctos y casi obvios, pero en un examen más minucioso se pudo reconocer que nacían de la creencia que ellos tenían de que existía en Beatriz  un impulso destructivo primario que atacaba lo que deseaba y que eso era lo que ella  tenía que reconocer y asumir.

Si me apoyo en la cosmovisión que sostiene que el Amor es la energía última que mueve el comportamiento humano, me preguntaré: “¿Cómo será el universo interior de Beatriz para que esta respuesta que parece tan inadecuada, sea para ella la mejor posible?”

Cuando me ubico en esa perspectiva tengo la posibilidad de descubrir, como de hecho ocurrió, que ella sentía que si se abría a esta invitación se iban a activar un cúmulo de expectativas que luego no iban a ser satisfechas y que eso le iba a producir un dolor inmensamente mayor al que sentía al decir que no de entrada. De modo que en esa respuesta aparentemente incoherente había una actitud de preservación de su integridad. Cuando se reconoce esto, en un segundo paso se verá qué necesita desarrollar para regular sus expectativas, disfrutar lo disfrutable en una salida al teatro, poder absorber la cuota de riesgo de una posible decepción, y todo lo demás. Pero ella estará recibiendo una información que la conecta con su forma precaria de protegerse y no con una supuesta destructividad primaria que la deja descalificada en sus bases mismas como persona. Cuando incorpora dicha afirmación como cierta, esa descalificación perturba, entre otras cosas, su capacidad de tomar decisiones, porque ante cada una va a surgir en ella la pregunta: ¿Decido esto porque es lo mejor, o lo mejor es lo otro y estoy prefiriendo esto por mi destructividad? Esta vacilación crónica es una de las bases de la dependencia emocional, en este caso de alguien que decida por mí.

Incluyo este ejemplo que en parte presenté en “La sabiduría de las emociones 2” por su simplicidad y porque muestra claramente cómo nuestros hábitos de pensamiento que parecen muy sensatos y que están enraizados en una cosmovisión dualista, aún desde la mejor intención, producen mucho daño en quien los recibe.

 

“Vos sos insaciable”

Eso quiere decir: “Vos tenés una fuerza destructiva básica que hace que no sientas la satisfacción de la saciedad y entonces nada te alcanza”.

Es importante saber que hay dos perspectivas desde donde acercarse a esta conducta.

Para poner a cada una en una frase, la primera sería: No te saciás  porque no sabés aún qué es lo que necesitás y tu insatisfacción es una valiosa señal que muestra que lo que recibiste no es lo que necesitás. Esta mirada abre puertas para seguir explorando y no descalifica.

Y la segunda: No te saciás porque sos insaciable. Esta definición descalifica y cierra las puertas de una posible solución.    

 

“Vos no  querés enterarte de la verdad, vos querés vivir engañado”

Puede ocurrir que yo no quiera enterarme de un hecho cierto por temor a que me duela o desorganice más de lo que yo pueda soportar. Pero desde el punto de vista de la verdad es tan verdad ese hecho del cual no quiero enterarme como mi actitud de protegerme de la desorganización. De modo que ambas son verdad en el contexto en el que existen. Y “La verdad” es precisamente la que reconoce a ambas verdades. Por lo tanto definir mi rechazo a enterarme de ese hecho en particular como expresión de mi rechazo a la verdad es una generalización y una distorsión que me hace mucho daño porque me define como “rechazador de la verdad”.

De modo que siempre es necesario especificar cuál es la verdad particular de la cual no quiero enterarme.

 

“Actúa así porque es un ser oscuro”

Desde la concepción no dual todos somos en esencia seres luminosos. Cuando hablamos de “luminosidad” nos estamos refiriendo a la cualidad amorosa básica de nuestro ser.

En alguno(s) esta luminosidad puede estar apagada o aletargada por conflictos sin resolver, pero es muy distinto decir de alguien que su luminosidad está apagada a decir que es un “ser oscuro”. En este último caso se le da entidad ontológica a lo que es una temporaria ausencia de luz.

Si es definido como ausencia de luz está implícito que es transformable, si le doy entidad lo convierto en una identidad irreductible.

 

“Vos tenés miedo a amar”

Es una frase  bastante generalizada y que se utiliza como “un caballito de batalla” para explicar los conflictos afectivos. Quien cae bajo esa afirmación, si la da por cierta, se siente un marginado de la vida que le tiene miedo a aquello que es la fuente de mayor bienestar y plenitud.  Vivir con esa conclusión acerca de uno mismo es  completamente invalidante.

En  ese sentido es necesario recordar que nadie le tiene miedo al amor. Yo puedo temer amar y no ser correspondido, yo puedo temer amar y perder a quien amo, pero queda claro que en esas situaciones a lo que le tengo miedo no es al amor sino al sufrimiento. Es importante realizar esta distinción porque el reconocimiento del temor a sufrir no es invalidante. Requiere de mí que me fortalezca, que disminuya mi dependencia emocional, que gane en autonomía, etc. para sentirme en condiciones de  absorber el dolor de una posible frustración sin desorganizarme.

“Vos le tenés miedo a la vida”

Esta afirmación, también muy frecuente, es errónea e invalidante. Al igual que la anterior, es el resultado de una descripción imprecisa del motivo de mi miedo. Yo puedo temer intentar algo y fracasar, puedo temer no ser querido o no saber afirmarme con claridad en mi punto de vista, etc. Pero esas situaciones, y todas las otras que puedo temer son facetas particulares de la vida y es necesario distinguirlas con la mayor claridad posible para que pueda acotarlas y tratar de resolverlas. Si quien me ve actuar con temor y retracción, por su propia precariedad perceptual, generaliza y engloba la causa y la convierte en “vos le tenés miedo a la vida”, lo que hace es descalificarme masivamente, y en su eventual intento de sacudirme y despertarme, lo que produce es hundirme en la desesperanza.

Llevándolo a un nivel más general es muy importante destacar que nadie le teme a lo que es valioso para él. Y sin embargo existen numerosas frases  que expresan ese error: “A vos te asusta el éxito”,  “vos le temés a la alegría” o “a vos te da miedo la felicidad”, etc.

Puedo temer desearlo y no alcanzarlo, o alcanzarlo y perderlo, pero ese es otro temor, es el temor a no lograr o a perder lo alcanzado.

La importancia de este punto radica en que si me dicen que le temo al logro –o cualquier otro equivalente de algo valioso para mí- y lo tomo por cierto, se desorganiza mi sistema, es como si se destrozara la brújula interior que me orienta y pierdo la confianza en mis impulsos básicos. Todos tendemos hacia lo que sentimos valioso, podemos hacerlo inadecuadamente y por ese motivo no lograrlo, pero ese es un tema de los recursos con los que opero, que pueden ser revisados y enriquecidos, pero eso no afecta a mi “brújula central” que orienta mis atracciones y rechazos.

 

“Vos tenés miedo a ganar”

Esta frase se escucha mucho en los ámbitos deportivos. Un jugador está a un punto de ganar su partido de tenis y comete un error no forzado. Quien relata el match dice: “es el típico miedo a ganar”.  Es otra confusión generalizada. Nadie tiene miedo a ganar. El miedo es a no ganar. Cuando el deseo de ganar es muy grande, igualmente grande es el temor a perder. Ante la inminencia de un probable triunfo se incrementa la ansiedad de no lograrlo y eso es lo que altera al jugador y lo lleva a cometer el error. Parece que fuera miedo a ganar porque se produce justo en el momento en que está por hacerlo pero la trama íntima que subyace en ese temor es el intenso y desequilibrante deseo de ganar y el miedo de que no ocurra.             

 

 “Actúa así porque es una persona negativa”

Es muy frecuente caracterizar a las personas o las emociones como positivas y negativas. Se llaman negativas a la envidia, al escepticismo, al desaliento, a la desconfianza, etc. pero se las llama así porque no se comprende que esas emociones expresan la respuesta que surge frente a un contexto psicológico específico.  Si a mi me fue mal varias veces en algo, si no sé por qué me fue mal y produzco la conclusión de que yo no sirvo y que siempre me va a ir mal, de esa cadena de situaciones va a surgir mi desaliento ante una posibilidad nueva. Y no voy a poder cambiar ese desaliento hasta que no descubra que componente mío contribuyó a que me fuera mal y qué puedo hacer para transformarlo.

Cuando uno ve el panorama más completo ve que el desaliento no es el primer eslabón de la cadena que produce esta inadecuada disposición hacia lo nuevo que voy a enfrentar. Ese desaliento es la consecuencia lógica y razonable ante un escenario psicológico específico. Entonces se ve ese desaliento con más respeto y comprensión pues se reconoce que es la mejor respuesta posible ante el escenario psicológico que se está viviendo.

Por supuesto que yo puedo decir, desde el punto de vista descriptivo, que ese desaliento es negativo en el sentido de que no predispone a una relación fértil en lo nuevo que voy a enfrentar, pero es bueno que quede claro que sólo estoy describiendo una conducta y no que estoy nombrando una identidad que es “ negativa”.

“No querés crecer porque te es más cómodo seguir siendo niño”

Nadie, en lo profundo de sí, desea no crecer.

Si la persona toma por cierto lo que le han dicho se identifica con una identidad distorsionada y debilitante.

Puede ser que esa persona actúe no queriendo crecer en el sentido de asumir responsabilidades pero es bueno recordar que si lo hace, es porque no se siente con recursos para enfrentar dichas responsabilidades

Si yo le ayudo a alguien a desarrollar los recursos va a tomar esas responsabilidades del mismo modo que el niño que ha desarrollado su sistema neurológico comienza a dar sus primeros pasos y camina.

Una cosa es que yo le diga a alguien: “Lo que pasa es que vos no querés crecer”, a que yo le diga a ese alguien: “yo te veo actuando sin querer asumir responsabilidades, ¿qué instrumentos necesitarías desarrollar para sentirte en condiciones de asumir tales responsabilidades?

A tal punto se le ha dado una entidad ontológica a esa actitud de “no querer crecer” que se la ha denominado “el síndrome de Peter Pan”. Esto contribuye a aumentar la confusión en el sentido de describirlo como algo en sí mismo y no como la respuesta inevitable a una falta de recursos psicológicos específicos.

 

“Tenés un saboteador interior que arruina tus logros”

Esa es otra forma de describir a una parte mía como enemiga del bienestar y el crecimiento. De ese modo quedo definido como un campo de batalla en el que se dirime una eterna lucha entre mi deseo de bienestar y quien lo sabotea.

Cuando se mira esta realidad desde una visión  más expandida se ve que quien está funcionando como saboteador es una fuerza que previamente no fue escuchada ni tenida en cuenta.

Por ejemplo: Una parte mía quiere estudiar y otra está cansada y desea descansar antes de hacerlo. Puede ocurrir que yo refuerce a la que desea estudiar y suprima a la que quiere descansar porque piense que si la escucho nunca voy a hacer nada. Esa parte que no fue escuchada en sus necesidades y que alberga además el dolor y el enojo por ser suprimida se manifiesta después distrayéndome mientras estudio y entonces pareciera que se avala la conclusión de que tengo un saboteador interno que no me deja estudiar y avanzar en mi carrera.

Si aprendo a escuchar a la parte que quería descansar, si le doy espacio y reconocimiento para que se exprese y formule su propuesta, tal vez se de un diálogo así:

Aspecto que quiere descansar: Ahora no puedo estudiar y necesito dormir dos horas porque estoy muy cansado.

Aspecto que quiere estudiar: Entiendo tu cansancio, vamos a dormir ese rato y luego estudiamos. ¿Estás de acuerdo?

Asp. que quiere descansar: Hagamos eso. Estoy de acuerdo.

 

Este diálogo parece casi elemental y obvio, sin embargo no es frecuente que se le de un espacio y un respeto equivalente a ambas voces.

Aquí se han escuchado, han oído sus propuestas y alcanzaron un acuerdo que ambas partes suscriben. Así es como se construye un espacio interior en el que prima la interconsulta y la solidaridad. Cuando eso ocurre uno accede a la vivencia de integridad que sólo se manifiesta cuando  produzco acciones que todos mis aspectos suscriben.

En la otra secuencia, el maltrato generado por mi inmadurez emocional más una conclusión equivocada  habían convertido a una parte mía cansada, en un saboteador interno.

“Actúa así porque es un mal nacido. Es mala semilla”

Estas afirmaciones son otro claro ejemplo de llevar a un extremo la visión dualista y definir a algunas personas como expresión de la destructividad misma, portadores de “maldad heredada”, desprovistas de todo amor.

Es cierto que algunas personas tienen una constitución que les permite procesar mejor las experiencias de privación y maltrato sin perder contacto con su energía amorosa. Entre los innumerables ejemplos de esta modalidad podemos recordar, a modo de homenaje, a Victor Frankl, quien, habiendo padecido durante años los tormentos del campo de concentración, logró sobrevivir, aprender de sus dolores y volcarlos en el desarrollo de la valiosísima corriente psicológica que creó: La logoterapia.

Sin duda que hay diferentes umbrales de tolerancia a la frustración sin perder contacto con la organización amorosa. En algunos es muy alto, como en Victor Frankl, y en otros es mucho más bajo. Pero es muy distinto ubicar el umbral de cada uno y ver donde está en esa escala, que afirmar que hay personas que nacen con una ”maldad heredada”, desprovistas de  energía amorosa y que ellas son la “mala semilla” “mal nacida”.

El conocimiento más profundo de los procesos biológicos agrega un valioso aporte a la comprensión del tema que estamos presentando. James Watson, premio Nobel de Medicina por su trabajo sobre la estructura del ADN declaró: “La biología ha puesto en claro que la causa de mucha de la agonía humana se debe a errores del ADN, no a maldad heredada”.    

Síntesis

A modo de síntesis podemos decir que además de la cosmovisión dualista de la que hemos hablado, hay otros dos factores que contribuyen a producir estos errores: uno es el mecanismo de la generalización, por el cual se transforma a una parte mía en mi identidad. Un ejemplo de esta actitud se observa cuando se pasa de “eso que has hecho me parece desconsiderado” al  “vos sos desconsiderado”.

Y el otro factor que está presente es la imprecisión en lo que intento definir. Esto es lo que ocurre cuando afirmo, por ejemplo: “Vos le tenés miedo al amor” cuando en realidad la descripción más adecuada sería: “Vos le temés al sufrimiento que puede producirte este amor”.   

Estos tres componentes se entremezclan y producen estas reflexiones habituales acerca de lo que nos pasa, que dañan a quien las recibe.

No estamos familiarizados aún con la actitud de explicar las conductas destructivas humanas como distorsiones de su energía amorosa original. Cuando nos instalamos en esa perspectiva y nos disponemos a encontrar el amor allí donde parece que el amor no está, contribuimos a reabrir el canal que conecta a la persona con su estructura amorosa básica, la cual es condición imprescindible para la recuperación de su salud y bienestar.

 

 

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(Este artículo fue publicado en la revista “Uno mismo” en Mayo, 2011; y en la página oficial del Dr. Norberto Levy en Facebook: http://www.facebook.com/notes/norberto-levy/frases-que-hacen-da%C3%B1o-dr-norberto-levy/226939487322844)

Norberto Levy es médico psicoterapeuta, creador del modelo “Autoasistencia psicológica”. Sus libros más recientes son: El Asistente interior, La Sabiduría de las emociones y La Sabiduría de las emociones 2. 

Página oficial: http://www.autoasistencia.com.ar/

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Escucha consciente (Julian Treasure)

Julian Treasure estudia el sonido y asesora a las empresas sobre la mejor manera de usarlo. Escribió el libro “El negocio de sonido”, una introducción completa a aprovechar el poder del sonido en los negocios, de marca y de marketing a la red telefónica, Internet y los espacios físicos, tales como tiendas, restaurantes, oficinas y áreas de recepción.

Subtítulos en español por Andrea Pisera

“¿Cómo quieres contarlo?”

Por Tomás Vela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres situaciones. Una salida con amigos en la que uno de ellos te pide que pagues por él algo bastante costoso prometiéndote reembolsar el dinero olvidado en su auto cuando se despidan, pero finalmente se marcha sin devolvértelo. Una conversación trivial con tu pareja va subiendo de tono hasta que, sin esperarlo ni creer merecerlo, te llega directo de su boca un insulto certero y gestos muy feos desde sus dedos. Un viaje en ómnibus de larga distancia en el que por fin lograste quedarte dormido se interrumpe cuando la señora que pasaba con apuro por el pasillo rumbo al baño te golpea de lleno en tu cabeza con su brazo, y no se disculpa.

Según la interpretación que se haga de cada uno de las casos, existirán muy diversas formas de proceder. De lo que tú mismo te cuentes que ha pasado devendrá la respuesta que darás, y a partir de ésta tu aporte a la evolución del vínculo.

Normalmente sabemos que nuestras acciones tienen una relación directa sobre lo que luego nos irá sucediendo. Tal vez también sepamos que esas acciones serán consecuencia de una selección particular del aluvión de pensamientos que la precedieron, y que esta selección vendrá con una carga emocional delimitada según lo que hayamos interpretado del hecho original (el amigo que no paga, la pareja que insulta, la señora que golpea)

Pero también pasa que en ciertas situaciones donde la interpretación supone una carga emocional más pesada, nuestra capacidad de percepción se verá irremediablemente alterada, y de allí en más el resto del recorrido.

Si frente al amigo que no me devolvió el dinero me quedo callado pero furioso por haberlo entendido como una falta de su parte, seguramente la próxima vez que nos veamos (y en varios momentos previos en que recuerde el episodio) me sienta tenso y decepcionado por su comportamiento, cosa que a mi modo intentaré hacérselo notar (el repertorio del “paso de facturas” es tan variado como la capacidad de expresión de cada uno) Algo similar sucederá con los otros dos ejemplos.

Cada cual encontrará un modo de actuar que lo haga sentir mejor consigo mismo y con el otro según el desarrollo interior que haya podido (y querido) lograr. Ahora, ¿qué pasa si siente que su respuesta no fue suficiente para que el vínculo siga transcurriendo por el cauce que espera de esa relación? ¿O sí, más allá del vínculo, no se siente como quisiera?

Encuentro tres caminos para compartir que nos permiten ampliar el modo de mirar.

El primero es explicitar su inquietud con la otra parte para hacerla partícipe de la solución y ver si juntos pueden alcanzar algún resultado satisfactorio para ambos. Si no identifican o encuentran disponibles los recursos necesarios para sortear efectivamente el conflicto, y acuerdan seguir buscando una solución, el segundo camino es pedir la ayuda de terceros competentes (o sea, con los recursos necesarios) y bien dispuestos a asistirlos.

El tercer camino, que puede ser el primero o segundo, es la pregunta narrativa.

Se trata de preguntarse a uno mismo “¿Cómo Quieres Contarlo?”. ¿Qué cosa? Pues esa situación en particular por la que estás atravesando, independientemente de que la vivas con calma y marchando o muy tenso y a los tumbos. Al preguntarme “¿Cómo Quiero Contar…? tal cosa, genero un espacio de reflexión, visualización y acción que me podrá ayudar a mantenerme alineado con el modo de vida que opté para mí mismo.

 

Cómo funciona

De manera consciente o inconsciente creo que todos elegimos un tono o estilo predominante para contarnos y luego contar los cuentos de nuestra vida. Puede variar de un período a otro, o incluso durante el transcurso de un relato, pero siempre habrá al menos uno presente o predominante.

Por ejemplo. Si luego del insulto de mi pareja pienso que ella me quiso dañar y genero un clima de confrontación para defenderme o atacar, resultará improbable en ese contexto mantener un diálogo pacífico. En cambio, si pese a no entender su reacción ni aprobarla, evalúo que para no agravar la situación lo mejor será evitar responder en la misma frecuencia; seguramente ahí sí busque propiciar un clima que contribuya a darnos cierta tranquilidad.

Podré pensar entonces cómo estoy viviendo ese episodio e identificar, como si se tratara de una película, el estilo principal que busco para contarme la historia (Suspenso, Acción, Comedia o Documental, si me gusta mostrar datos para respaldar un enfoque) y evite especialmente los que no quiero (Drama, Policial, Terror)

Si el tono que siento preponderante me lleva a contarme un relato con protagonistas sufrientes, un nudo lleno de tensión y un final tan contundente como doloroso, y eso no me gusta; puedo cambiarlo. Siguiendo el ejemplo, evaluaré de qué otro modo puedo contarme lo que está pasando para sentirme con mayores posibilidades de disfrutar el relato y las acciones que se deriven del mismo. Así, me enfocaré en la participación y relación entre los personajes (entre los que estaré yo como protagonista) y concluiré algo que me brinde ciertas posibilidades de acción más acordes a lo que me gustaría para mi vida (siempre dentro de lo esperable para el estilo predominante de turno)

Con suerte, cada uno sabrá que quiere generar en su gente. La pregunta narrativa “¿Cómo Quieres Contarlo?” nos invita a tomar consciencia de que en cada relato estamos propiciando una clase de contexto determinado y que éste, a su vez, nos dará margen para ciertas acciones y excluirá muchas otras. Tomarse un minuto, dos o quince para elegir cómo vivir eso que luego se contará puede resultar un modo simple y muy poderoso de sentirse más responsable de su presente y diseñador de su futuro. Y si no, siempre podrá probar con otro cuento.

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El entrenamiento de un héroe:

Encontrar la fuerza interior en tiempos de incertidumbre*
Dr. Mario Alonso Puig**

 

Cuando un país toca fondo después de un periodo de crisis severa, hay distintas maneras en las que puede emprender su proceso de recuperación. Si simplemente se queda en el fondo y se resigna a la crisis, puede permanecer en una situación de mínimo o nulo crecimiento durante muchos años. Si lo representáramos en una gráfica, esta evolución tendría una forma de L. Sin embargo, si la sociedad comienza un proceso progresivo de recuperación, entonces, en nuestra gráfica, la forma en la que lo representaríamos sería una V. Ahora bien, una V puede tener los dos brazos más o menos abiertos. Cuanto más abiertos estén, más lenta va a ser la recuperación económica. Hay elementos que influyen en la velocidad de dicha recuperación y en los que nosotros difícilmente vamos a poder influir. Imaginemos por ejemplo en este sentido, que surgiera súbitamente del mundo oriental un competidor inesperado y que nos pillara completamente por sorpresa. Hay poco en este sentido que podamos hacer para cambiar dicha situación.

Sin embargo, hay algunas cosas que nosotros como personas y como sociedad sí podemos hacer para lograr que la recuperación económica sea mucho más rápida. Entre estas cosas, yo destacaría el papel que juega nuestra actitud a la hora de recuperarnos de “los golpes de la vida”. Es esta misma actitud, la que al potenciar nuestra inteligencia y desplegar nuestro pensamiento creativo, tiene un enorme impacto en nuestra capacidad para hacer frente con éxito a los retos y a los obstáculos que encontramos en el camino. Por todo ello, es muy importante hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que hace que haya personas que en medio de la dificultad se mantengan serenas y confiadas, mientras que otras caen en el desánimo y la desesperanza? Contestar a esta pregunta nos va a exigir hacer un análisis muy serio y profundo de un determinado concepto. Es un concepto que no deja indiferente a nadie y que normalmente, se asocia con experiencias de índole negativo. Me refiero al estrés.

Para muchas personas, el estrés es algo negativo, dañino y que por lo tanto hay que evitarlo como sea. Este es un error frecuente y grave que procede de nuestra ignorancia de lo que realmente significa dicha palabra. El tema no es superfluo, ya que la forma en la que las personas valoramos las cosas afecta mucho a las experiencias que tenemos. Es por ello, por lo que voy a describir lo que la investigación científica define como estrés, para que sea el lector el que saque sus propias consecuencias y decida la manera en la que quiere relacionarse con dicho concepto.

El estrés no es sino una fuerza que el organismo necesita para hacer frente a una serie de retos que se salen de lo común, de lo ordinario, de la rutina de cada día. Es como si ante determinadas situaciones, nuestro combustible no fuera suficiente y necesitáramos uno especial, uno con mucho mayor octanaje. Dado que los retos que el ser humano se puede encontrar son de dos tipos, esa fuerza, ha de canalizar su energía a través de dos mecanismos. Es por eso por lo que el ser humano dispone de un mecanismo llamado de supervivencia y de un mecanismo llamado de adaptación.

El mecanismo de supervivencia está diseñado para protegernos de aquellos elementos que ponen en peligro la vida. Estamos hablando de una amenaza a nuestra integridad física. Cuando este mecanismo se pone en marcha, se producen cambios muy rápidos en el funcionamiento de nuestro organismo. Estos cambios comienzan en el cerebro y se extienden por el resto del cuerpo.

Nuestro cerebro tiene partes bien diferenciadas, las cuales se especializan en ciertas funciones. Unas partes y otras se conectan de forma muy intensa para que el cerebro funcione como un todo. La parte más superficial del cerebro, de aspecto arrugado, se llama corteza cerebral. El porcentaje más amplio de la corteza cerebral está dedicado a asociar información, recuerdos y experiencias. Gracias a nuestra corteza cerebral podemos analizar y razonar. También la corteza nos permite planificar, organizar y tomar decisiones teniendo en cuenta las consecuencias a largo plazo de dichas decisiones. La corteza cerebral es muy importante tanto en el aprendizaje como en el despliegue de la creatividad.

Imagínese ahora el lector que está en una playa en la India y de repente ve que se acerca a gran velocidad algo que no acaba de identificar. De repente, se da cuenta de que es un tigre que va hacia usted. No cabe duda de que en ese momento, procesos mentales tales como el análisis, la planificación, la negociación o el pensamiento creativo no sólo consumen mucha energía, sino que además no le van a ayudar a sobrevivir. Por eso, el cerebro se regula así mismo cambiando bruscamente su funcionamiento. El proceso ocurre de la siguiente manera: Una parte del llamado sistema límbico o cerebro emocional y que se conoce como amígdala, una vez que ha reconocido la presencia del tigre, entra en lo que se llama modo de alarma y a una velocidad sorprendente empieza a transformar por completo nuestra fisiología.

Ante una situación tan dramática como ésta en la que nos encontramos, las únicas opciones de supervivencia están en salir corriendo o nadando, en quedarnos paralizados en caso de que el depredador no nos haya visto o en ir contra el tigre, en caso de que entre el tigre y nosotros se encuentre uno de nuestros hijos. Estas tres reacciones son las mismas que nos han ayudado a sobrevivir a lo largo de nuestra historia como seres humanos. Para que cualquiera de estas respuestas pueda tener alguna eficacia, toda nuestra musculatura ha de cambiar. Sólo así, seremos capaces de correr o de nadar a una velocidad muy superior a lo normal, de atacar con una violencia extraordinaria o de quedarnos absolutamente inmóviles en un estado que se conoce como catatonia.

Cualquiera de estas reacciones, necesita una transformación fundamental en la manera en la que opera nuestra musculatura. Para eso, ha de aumentar mucho el metabolismo, lo cual implica que tiene que llegar mucha más sangre a los músculos con oxígeno, glucosa y adrenalina. La pregunta lógica que nos tenemos que hacer ahora es la siguiente: ¿de dónde procede esta sangre? Esta sangre procede de aquellos órganos que no son imprescindibles en ese momento específico en el que el organismo se ve amenazado por un depredador.

Entre las partes del cuerpo que experimentan una reducción del riego sanguíneo, podríamos citar la corteza cerebral, el tubo digestivo, la piel, el sistema reproductor y el sistema inmunitario. Como podemos ver, este mecanismo de supervivencia es de enorme eficacia porque conduce la energía desde donde no es necesaria hasta donde es imprescindible. Los únicos problemas que puede plantear este mecanismo son o que o se active con demasiada facilidad, o que una vez activado no se desactive. De hecho, esta es una situación mucho más frecuente de lo que uno se podría prever.

Es esencial que sepamos que el mecanismo de supervivencia no sólo se activa ante una amenaza a nuestra integridad física, sino también cuando se produce una amenaza mental. Esto ocurre en el momento en el que la persona se siente amenazada en su imagen y en la valoración que otras personas puedan estar haciendo de ella. Se ha podido comprobar también con técnicas muy modernas de neuroimagen, que cuando una persona queda atrapada en una conversación limitante del tipo “no puedo” “no hay salida”, se activa directamente la amígdala. Por eso, cuando alguien se siente insignificante, despreciado, humillado o simplemente ve amenazado su puesto de trabajo o su prestigio, puede experimentar una activación sostenida de la amígdala, lo cual se conoce como secuestro amigdalino. Cualquier persona que quede atrapada en esta situación, va a experimentar severas limitaciones en su capacidad para pensar con claridad y para tomar decisiones eficientes. Además, ello le va a dificultar aprender y memorizar. Entendemos en base a esto, por qué hay niños muy brillantes que cuando se encuentran en una escuela donde no se sienten reconocidos ni valorados, pueden experimentar una reducción tan llamativa de su rendimiento. Por otra parte, la activación mantenida de la amígdala puede producir muchos trastornos digestivos del tipo del reflujo gastroesofágico, las úlceras gastroduodenales, las digestiones pesadas y el colon irritable. Debido a que el secuestro amigdalino también limita el funcionamiento del sistema de defensa, las personas que están en secuestro amigdalino se acatarran con más frecuencia y se recuperan peor de los procesos infecciosos. El secuestro amigdalino también está asociado a la infertilidad y a muchos otros trastornos como el aumento de los triglicéridos y el colesterol, la hipertensión arterial y las arritmias. Resulta no menos que sorprendente, que un mecanismo que fue creado para proteger la vida, cuando se activa de manera incorrecta y se mantiene activado, pueda reducir de manera tan significativa la salud, la eficiencia y la vitalidad. Los estudios llevados a cabo por la facultad de Medicina de la Universidad de Harvard a lo largo de más de treinta años han concluido que entre el 70% y el 90 % de las consultas a médicos generales en el mundo occidental tienen una relación directa con la gestión inadecuada de las emociones. Además la persona que se siente en peligro constante es muy fácil que perciba oponentes, amenazas y peligros donde no los hay. De alguna manera, cuando alguien está buscando de forma constante un peligro, es mucho más probable que lo encuentre aunque sea él mismo quien sin saberlo, lo esté fabricando. El secuestro amigdalino favorece además el insomnio, los accidentes de tráfico, la ansiedad y la depresión.

Es conveniente, una vez que hemos expuesto todo lo anterior, hacer un alto en el camino para resumir lo fundamental de aquello que hemos visto. El estrés es una fuerza que cuando activa el mecanismo de supervivencia ante peligros físicos reales, constituye en sí una ventaja competitiva, mientras que cuando se pone en marcha como consecuencia de amenazas mentales merma nuestras capacidades intelectuales y nuestra salud.

Si recordamos lo que vimos al comienzo de este artículo, el estrés actuaba a través de dos mecanismos. Hemos estudiado hasta ahora el mecanismo de supervivencia y nos queda comprender el otro mecanismo, el de adaptación.

El mecanismo de adaptación ha de ponerse en marcha cuando nos enfrentamos al cambio y a la incertidumbre. Como podemos comprender hay una gran diferencia entre estar en una tierra hostil o estar en una tierra desconocida. Imaginemos por ejemplo que nos encontramos de repente en el desierto de Arizona. No cabe duda de que este contexto es completamente nuevo para nosotros y sin embargo, si activáramos el mecanismo de supervivencia nos sería imposible adaptarnos. Atacar, huir, defendernos o quedarnos paralizados, pueden ser reacciones muy útiles si nos encontramos frente a una serpiente cascabel o a un grupo de coyotes, pero lo que no nos sir ven es para adaptarnos a la nueva tierra.

El mecanismo de adaptación ha sido el que nos permitió adaptarnos a la enorme crisis que sufrió nuestro primer antecesor, el homo habilis, cuando la tierra se secó, las frutas desaparecieron y las plantas jugosas se transformaron en plantas duras y secas. Fue esta situación la que le empujó a abandonar la seguridad de los árboles y adentrarse en la sabana africana. Fue su capacidad de adaptación las que le fue transformando de herbívoro en carnívoro, lo cual indujo un aumento progresivo en el tamaño de su cerebro. El mecanismo de adaptación es radicalmente distinto al de supervivencia. Como de lo que aquí se trata es de aprender la manera en la que podemos acoplarnos a un nuevo entorno, precisamos experimentar un cambio radical en ciertas capacidades mentales. Por una parte hemos de ser capaces de observar con mayor claridad y precisión lo que ocurre a nuestro alrededor. Tenemos que aprender deprisa y ser especialmente creativos a la hora de encontrar recursos y soluciones para hacer frente a los nuevos desafíos. Además, necesitamos experimentar una clara ilusión que haga que el explorar nuestro nuevo entorno, lejos de ser una tarea penosa, se convierta en algo interesante e incluso apasionante.

El mecanismo de adaptación cuando se pone en marcha se asocia con alteraciones profundas en el riego cerebral. Si antes eran ciertas partes del sistema límbico las que dirigían toda la respuesta, ahora es la corteza cerebral y especialmente la parte más anterior de la misma, la que experimenta una intensificación en su funcionamiento. Ello repercute en un aumento de la concentración, en una mejora de la capacidad de análisis y en un despliegue de la creatividad. Además, empieza a aumentar la población de neuronas del hipocampo en un proceso denominado neurogénesis. La neurogénesis es el proceso de transformación de una célula madre pluripotencial en una neurona. Sabemos que podrían emigrar en un adulto, entre 500 y 1.000 células madre por día, las cuales a lo largo de un periodo de 21 días se convertirían en neuronas. Las neuronas del hipocampo son esenciales en todo proceso de aprendizaje y también para controlar a la amígdala de tal manera que no se active en exceso ante la incertidumbre. La activación amigdalina nos llevaría con facilidad a entrar en un estado de pánico y bloqueo.

Si repasamos lo que hemos visto hasta ahora en relación al estrés y a los mecanismos de supervivencia y de adaptación creo que nos llamará la atención algo que tiene una enorme relevancia en la situación económica en la que nos encontramos y en la posibilidad de recuperarnos más o menos deprisa. En una situación como la actual marcada por tanta incertidumbre, la mejor manera para salir adelante de la forma más rápida posible, sería poner en marcha el mecanismo de adaptación. Sin embargo, me da la sensación de que no está siendo así, sino más bien al contrario. Es el mecanismo de supervivencia el que está activado y por eso hay tanta irascibilidad y tanta desesperanza en nuestra sociedad. ¿Cómo es posible que nuestro cerebro pueda cometer semejante error? ¿Cómo es posible que pongamos en marcha el mecanismo de supervivencia cuando el que nos sacaría adelante es el mecanismo de adaptación? Sencillamente por la manera en la que estamos evaluando lo que nos pasa. Cuando evaluamos algo como una desgracia, cuando no lo aceptamos, nos estamos resistiendo a la realidad y ello de forma natural pone en marcha el mecanismo de supervivencia. La aceptación no implica que nos guste lo que hay, sino sencillamente que asumimos que las cosas son como son y por eso nos reconciliamos con la realidad. Es la aceptación y no la resignación la que una vez asumida la nueva realidad, nos ayuda a buscar caminos para salir adelante en medio de la dificultad.

Otro de los errores que cometemos cuando hacemos frente a la incertidumbre es dejar que nuestra atención esté continuamente enfocada en lo que queremos evitar y no en lo que queremos alcanzar. Nos posicionamos entonces en jugar no a ganar sino a no perder y es esta mentalidad la que nos genera una enorme tensión y una escasa ilusión. A veces, no somos nosotros, sino otras personas con sus diálogos llenos de crispación y de negatividad las que favorecen que “compremos” de alguna manera la idea de que todo está fatal. Esto alimenta una sensación interior de pequeñez, de insignificancia, de impotencia y de desesperanza. Es algo muy conocido en psicología que la sensación de incompetencia puede ser enseñada, aprendida y así convertirse finalmente en real. Por eso es tan importante transmitir la información sin teñirla de un montón de negatividad subjetiva.

Es precisamente cuanto más complejo es el entorno, cuanto más tenemos que transmitir la idea de que somos perfectamente capaces de hacerle frente. Los estudios del Dr. Bandura catedrático de Psicología de la Universidad de Stanford no dejan muchas dudas al respecto. Bandura demostró que cuando se transmite una confianza en la capacidad que tenemos nosotros y otras personas a la hora de hacer frente a los desafíos y las dificultades, se libera en la sangre una serie de hormonas denominadas neuropéptidos. Estas hormonas son capaces de inhibir a la amígdala para que no se active y nos bloqueemos. Por eso es clave esperar victoria si queremos obtener victoria.

Ante el nuevo entorno vamos a cometer errores y tenemos que aprender de ellos. Por eso, si nuestra valoración del error está llena de negatividad hacia nosotros o hacia los otros, nuestra frustración y nuestro sentido de culpa y de vergüenza impedirán que sigamos intentándolo. El error significa que algo no ha funcionado y por lo tanto, la exigencia de probar un abordaje diferente. Cuando aguantamos la tendencia habitual a ocultar el error o a culpar a algo o a alguien y soportamos el dolor que produce acercarse al error para observarlo, evaluarlo y aprender de él, entonces se abre para nosotros la posibilidad de descubrir lo que hemos de hacer de diferente. El error nos va a enseñar si dejamos que lo haga. Muchos de los mejores inventores que ha habido en nuestra historia, llegaron a hacer sus excepcionales descubrimientos porque eran inasequibles al desaliento y no tiraban la toalla cometieran los errores que cometieran. Era ese compromiso, esa determinación, esa persistencia y esa paciencia que mostraron, los que les llevaron a la revelación de aquello que hasta entonces había permanecido oculto. Al final, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo muestra. Por eso, la adaptación a la incertidumbre no es un tema de erudición, sino de motivación. Sólo las personas verdaderamente motivadas harán el esfuerzo que es necesario hacer para hacer frente a sus dudas y a sus miedos. Sólo desde una profunda insatisfacción inspiradora, las personas abandonamos nuestra zona de confort, nuestro estatus quo y nos atrevemos a escuchar la llamada del héroe, esa que nos invita a descubrir, a crecer y a evolucionar. Es este crecimiento y esta evolución los que nos revelan que puede haber problemas complejos, pero que no hay problemas insuperables. Es este misma evolución lo que nos hace ser conscientes de que lo que convierte un problema complejo en uno insuperable es nuestra sensación de pequeñez a la hora de hacerle frente.

 

 

(*) Artículo publicado originalmente en Estudios Empresariales #133 (2010/2)
(**) Médico especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, fellow en Cirugía por la Universidad de Harvard, en Boston, y miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, ha dedicado gran parte de su vida a explorar el impacto que tienen los procesos mentales en el despliegue de nuestros talentos y en los niveles de salud, de energía y de bienestar que experimentamos. Ponente de HSM Talents, ha sido invitado por instituciones como el MD Anderson Cancer Center de Houston (Estados Unidos), el Global Leaderschip Center en INSTAD (Francia) y la Universidad Pitágoras de São Paulo (Brasil). Actualmente imparte conferencias y cursos sobre Liderazgo, Comunicación, Creatividad y Gestión del Estrés tanto nacional como internacionalmente. Más información sobre el Dr. Alonso Puig: http://www.marioalonsopuig.com/

La realidad es una ilusión

 

 

(Subido por cacophony00 el 19/08/2008
Segunda parte: http://www.youtube.com/watch?v=7yM2LEyAYoI&watch_response

Física cuántica, chakras de la tierra, el efecto de las emociones en el ADN.
http://www.talismanicidols.org
Para mayor información sobre el estudio de Vladimir Poponin, visita:
http://homepages.ihug.co.nz/~sai/DNAPhantom.htm)

 

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