“¿Cómo quieres contarlo?”

Por Tomás Vela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres situaciones. Una salida con amigos en la que uno de ellos te pide que pagues por él algo bastante costoso prometiéndote reembolsar el dinero olvidado en su auto cuando se despidan, pero finalmente se marcha sin devolvértelo. Una conversación trivial con tu pareja va subiendo de tono hasta que, sin esperarlo ni creer merecerlo, te llega directo de su boca un insulto certero y gestos muy feos desde sus dedos. Un viaje en ómnibus de larga distancia en el que por fin lograste quedarte dormido se interrumpe cuando la señora que pasaba con apuro por el pasillo rumbo al baño te golpea de lleno en tu cabeza con su brazo, y no se disculpa.

Según la interpretación que se haga de cada uno de las casos, existirán muy diversas formas de proceder. De lo que tú mismo te cuentes que ha pasado devendrá la respuesta que darás, y a partir de ésta tu aporte a la evolución del vínculo.

Normalmente sabemos que nuestras acciones tienen una relación directa sobre lo que luego nos irá sucediendo. Tal vez también sepamos que esas acciones serán consecuencia de una selección particular del aluvión de pensamientos que la precedieron, y que esta selección vendrá con una carga emocional delimitada según lo que hayamos interpretado del hecho original (el amigo que no paga, la pareja que insulta, la señora que golpea)

Pero también pasa que en ciertas situaciones donde la interpretación supone una carga emocional más pesada, nuestra capacidad de percepción se verá irremediablemente alterada, y de allí en más el resto del recorrido.

Si frente al amigo que no me devolvió el dinero me quedo callado pero furioso por haberlo entendido como una falta de su parte, seguramente la próxima vez que nos veamos (y en varios momentos previos en que recuerde el episodio) me sienta tenso y decepcionado por su comportamiento, cosa que a mi modo intentaré hacérselo notar (el repertorio del “paso de facturas” es tan variado como la capacidad de expresión de cada uno) Algo similar sucederá con los otros dos ejemplos.

Cada cual encontrará un modo de actuar que lo haga sentir mejor consigo mismo y con el otro según el desarrollo interior que haya podido (y querido) lograr. Ahora, ¿qué pasa si siente que su respuesta no fue suficiente para que el vínculo siga transcurriendo por el cauce que espera de esa relación? ¿O sí, más allá del vínculo, no se siente como quisiera?

Encuentro tres caminos para compartir que nos permiten ampliar el modo de mirar.

El primero es explicitar su inquietud con la otra parte para hacerla partícipe de la solución y ver si juntos pueden alcanzar algún resultado satisfactorio para ambos. Si no identifican o encuentran disponibles los recursos necesarios para sortear efectivamente el conflicto, y acuerdan seguir buscando una solución, el segundo camino es pedir la ayuda de terceros competentes (o sea, con los recursos necesarios) y bien dispuestos a asistirlos.

El tercer camino, que puede ser el primero o segundo, es la pregunta narrativa.

Se trata de preguntarse a uno mismo “¿Cómo Quieres Contarlo?”. ¿Qué cosa? Pues esa situación en particular por la que estás atravesando, independientemente de que la vivas con calma y marchando o muy tenso y a los tumbos. Al preguntarme “¿Cómo Quiero Contar…? tal cosa, genero un espacio de reflexión, visualización y acción que me podrá ayudar a mantenerme alineado con el modo de vida que opté para mí mismo.

 

Cómo funciona

De manera consciente o inconsciente creo que todos elegimos un tono o estilo predominante para contarnos y luego contar los cuentos de nuestra vida. Puede variar de un período a otro, o incluso durante el transcurso de un relato, pero siempre habrá al menos uno presente o predominante.

Por ejemplo. Si luego del insulto de mi pareja pienso que ella me quiso dañar y genero un clima de confrontación para defenderme o atacar, resultará improbable en ese contexto mantener un diálogo pacífico. En cambio, si pese a no entender su reacción ni aprobarla, evalúo que para no agravar la situación lo mejor será evitar responder en la misma frecuencia; seguramente ahí sí busque propiciar un clima que contribuya a darnos cierta tranquilidad.

Podré pensar entonces cómo estoy viviendo ese episodio e identificar, como si se tratara de una película, el estilo principal que busco para contarme la historia (Suspenso, Acción, Comedia o Documental, si me gusta mostrar datos para respaldar un enfoque) y evite especialmente los que no quiero (Drama, Policial, Terror)

Si el tono que siento preponderante me lleva a contarme un relato con protagonistas sufrientes, un nudo lleno de tensión y un final tan contundente como doloroso, y eso no me gusta; puedo cambiarlo. Siguiendo el ejemplo, evaluaré de qué otro modo puedo contarme lo que está pasando para sentirme con mayores posibilidades de disfrutar el relato y las acciones que se deriven del mismo. Así, me enfocaré en la participación y relación entre los personajes (entre los que estaré yo como protagonista) y concluiré algo que me brinde ciertas posibilidades de acción más acordes a lo que me gustaría para mi vida (siempre dentro de lo esperable para el estilo predominante de turno)

Con suerte, cada uno sabrá que quiere generar en su gente. La pregunta narrativa “¿Cómo Quieres Contarlo?” nos invita a tomar consciencia de que en cada relato estamos propiciando una clase de contexto determinado y que éste, a su vez, nos dará margen para ciertas acciones y excluirá muchas otras. Tomarse un minuto, dos o quince para elegir cómo vivir eso que luego se contará puede resultar un modo simple y muy poderoso de sentirse más responsable de su presente y diseñador de su futuro. Y si no, siempre podrá probar con otro cuento.

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Física cuántica y cotidiana (Sonia Fernández-Vidal, física)


Por Marta Iglesias | 20 Mayo 2011 (RevistaFusion.com)

Licenciada en Física por la UAB y doctorada en el campo de la Información y la Óptica Cuántica, en su apuesta por la divulgación científica acaba de publicar ‘La Puerta de los Tres Cerrojos’ (Editorial La Galera)
Sonia Fernández-Vidal ha trabajado en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en el proyecto del nuevo acelerador de partículas Large Hadron Collider (LHC), en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) y colaborado con la división teórica del Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL). Investigación y docencia son sus dos pasiones, convirtiendo complicadas fórmulas y teorías en conocimientos accesibles para el público general.

-¿Por qué eligió especializarse en física cuántica, frente a otras ramas de la física?
-La física cuántica me parecía muy apasionante porque nos describe el mundo de una manera muy diferente a la que estamos acostumbrados. Todos estos fenómenos que nos describe, como que puedes atravesar paredes, que la realidad se manifiesta cuando la estás observando, que las cosas pueden estar en dos sitios a la vez…. Todo ello me atrajo muchísimo, precisamente porque te permite ver el mundo con ojos diferentes.

-¿Para qué público ha escrito el libro?
-El libro está destinado a los adultos, y precisamente por eso está escrito para niños. En las charlas que yo estaba dando sobre divulgación científica encontraba que a los mayores les daba un poco de miedo introducirse en la física cuántica. Creían que era muy complicado para ellos. Yo deseo romper esa idea preconcebida y acercar la física cuántica a todo el mundo desde la fantasía, desde la magia, desde la visión del niño que todos llevamos dentro.

-La física cuántica explica el funcionamiento de los átomos y sus componentes. Sin embargo, a menudo no nos interesa porque creemos que no nos afecta en nuestra vida cotidiana. ¿Es cierta esa afirmación, o lo más pequeño tiene el poder de cambiar todo nuestro entorno?
-En realidad afecta y muchísimo. Piensa que un tercio de nuestra economía está basada en la física cuántica, como los transistores que llevan los teléfonos móviles, ordenadores, las puertas que se abren el supermercado… Aparte de esta visión práctica, creo que la física cuántica también nos puede ayudar mucho en nuestro día a día. Hasta ahora arrastramos mucho las consecuencias de pensar que el universo es como una máquina enorme, idea heredada de la física clásica o mecanicismo. La física cuántica nos plantea de repente un universo lleno de cosas fantásticas que rozan incluso la magia. Y creo que esta visión diferente del mundo ayuda ante el día a día lleno de incertidumbres, con tanta crisis, en el que necesitamos pensar de manera diferente… La física cuántica nos entrena neurológicamente en una manera creativa de pensar, una manera diferente de afrontar los problemas.

-Por ejemplo, una de las cosas que repite en su libro es “Si quieres que sucedan cosas diferentes, deja de hacer siempre lo mismo”. ¿Por qué una actitud tan lógica resulta tan difícil de erradicar?
-Así se acciona el pensamiento creativo, pero resulta difícil erradicar la inercia porque somos animales de hábitos y a veces cuando hacemos una cosa una y otra vez, la acabamos asumiendo como si fuese una verdad. Incluso en la manera que tenemos de pensar. Fíjate que ahora nos parece que lo más normal del mundo es que las cosas estén determinadas o que el universo funciona como una maquinaria en la que todo está ya hecho, y nosotros somos unas cositas muy pequeñitas dentro de este universo. Lo hemos repetido tantas veces que al final lo aceptamos como una verdad.
Y lo que hoy en día tenemos inculcado como verdad, nos empuja a hacer las cosas siempre del mismo modo, con unos patrones que creo que son una tendencia del mecanicismo. Sin embargo, si sabemos que las cosas no están tan definidas, que todo no tiene porqué ser del mismo modo, que nuestra influencia en el universo puede ser mucho más fuerte de la que nos pensamos, ese conocimiento puede empujarnos también a tener una manera diferente de pensar y de reaccionar ante muchas situaciones cotidianas.

-¿Por qué esa insistencia en el libro de que si deseamos llegar a alguna parte, deben hacerse las preguntas correctas? ¿Es fruto de su vena investigadora?
-Exacto. Una de las primeras premisas cuando haces investigaciones es encontrar cuál es la pregunta correcta. Pero no sólo es en la investigación, sino en nuestro día a día, la manera en la que nos formulamos muchas preguntas, sobre todo cuando tenemos algún tipo de dificultad, puede ser decisivo a la hora de resolverlas. Por ejemplo, si me planteo cómo puede ser que el mundo cuántico funcione de una manera tan imposible, me estoy autobloqueando. Sin embargo, si cambio el enfoque, hago la pregunta correcta: ¿Cómo funciona esto? ¿Por qué lo hace de este modo? Nuestro cerebro funciona como un ordenador y cuando le das un mensaje, reacciona a él. Cuando tú enfocas la pregunta ya de un modo negativo, no esperando encontrar una solución, te quedas enganchado y encerrado en un registro que no te permite encontrar esa solución. Por eso insisto en que es importante que hagas las preguntas correctas si quieres llegar a algún sitio.

 

ATERRIZANDO LA FÍSICA CUÁNTICA


-En su libro desarrolla el Principio de Superposición, indicando que “En el mundo cuántico, las cosas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo, o de dos maneras”. ¿Qué traducción tiene eso en el mundo que nos movemos?
-El Principio de Superposición nos indica que la realidad no está definida, es decir, que una partícula puede estar cogiendo el camino de la izquierda y la derecha al mismo tiempo. Sin embargo, cuando un observador -nosotros mismos- queremos mirar esta cosa, saber cómo se hace, pues esta partícula tiene que escoger el ir por la izquierda o por la derecha. Digamos que se manifiesta o se crea esa realidad en ese momento determinado. ¿Cómo nos afecta a nosotros en nuestro día a día? Esa es una pregunta en la que los físicos estamos trabajando, es decir, ¿cómo se hace esta transición desde el mundo más pequeñito, donde pasan estas cosas tan extrañas, que las partículas pueden estar en dos sitios, a nuestro día a día, donde nosotros no podemos ir a la izquierda y la derecha al mismo tiempo? Muchos investigadores están estudiando cómo darle coherencia.

-Por ejemplo, si en nuestra vida tenemos dos opciones, ¿mientras no elijamos existen las dos?
-Exacto. Pero fíjate que lo que dicen los físicos va incluso más allá, es más atrevido. En cierto modo si yo me despierto una mañana de buen humor y me enfrento a un atasco de tráfico, yo puedo escoger cómo vivir mi realidad, si tomármelo bien o mal. Eso influencia a una realidad muy subjetiva. Pero lo que vemos los físicos en los laboratorios es que por el hecho de observar, estamos determinando una realidad objetiva entre comillas. A una partícula le estamos haciendo elegir un camino u otro. Estamos afectando a ese mundo objetivo, externo a nosotros.

-Entonces, ¿con nuestra manera de mirar estamos afectando al mundo que nos rodea?
-Mucho más de lo que pensábamos hasta ahora. Hasta el momento teníamos la visión de los grandes engranajes de un reloj en el que ya está todo hecho y construido. Sin embargo la física cuántica es apasionante porque nos muestra un mundo que se está creando a cada instante.

-Según lo que dices, al observar la partícula, ésta se define. ¿Qué sucede ahí? ¿La partícula tiene conciencia o el observador influye sobre ella?
-La verdad es que esta cosa tan extraña que nos está definiendo la física cuántica, todavía está en discusión y pasa quizás más a la filosofía o metafísica que a la física en sí. Muchos científicos -como el premio Nobel Eugene Wigner- creen que lo que hace que esa partícula se tenga que definir es la consciencia del observador.

-En realidad las partículas no pueden estar en dos lugares a la vez, sino en muchos, dándonos a entender que cualquier realidad es posible…
-Son muchas más, yo siempre pongo dos porque imagino un camino que se divida en dos, pero en física una partícula fundamental puede estar absolutamente en cualquier lugar del espacio.

-Entonces en el mundo cuántico, conviven todas las posibilidades…
-Efectivamente. Ahí está. Todo lo que es posible, está sucediendo al mismo tiempo.

-Hablemos ahora del Entrelazamiento: “En el instante del Big Bang el origen del Universo, todas las partículas nacieron juntas y, por lo tanto, entrelazadas. Todo lo que existe en el Universo se ha formado a partir de aquellas partículas.” ¿El Amor o la Unidad, que sólo se entiende con connotaciones religiosas, tiene entonces una base científica, siendo algo más lógico que sobrenatural?
-Se puede hacer una analogía muy bonita. No puedo entrar a decir que la física cuántica demuestre cualquier tipo de creencia religiosa porque entraríamos en un campo muy discutido en el que, de momento la ciencia no está suficientemente madura como para enfrentarse a demostraciones de carácter de fe. De todos modos, estoy totalmente de acuerdo contigo en pararse a reflexionar en que esta última energía es el Amor, efectivamente.

-Sin embargo, aunque uno puede mentalmente elegir no vivir esa unidad, está dando la espalda a la realidad…
-Diría que estás yendo contra ti mismo, sí. Estamos todos mucho más interrelacionados con todos de lo que nos pensamos. Absolutamente todas las partículas de las que estamos formados surgieron en el Big Bang, cuando se creó este universo, por tanto estamos interrelacionados desde ese mismo punto. Supongo que si tuviésemos esta visión, seríamos más cuidadosos con la naturaleza, la gente que nos rodea…

-Nos recuerda en el libro que la luz es a la vez una onda y una partícula, pudiendo funcionar como ambas. Y nosotros, ¿qué somos?
-Pues ondas y partículas al mismo tiempo. En 1905, Albert Einstein en uno de sus artículos por el que ganó el Nobel de Física precisamente lanzó esta idea de que la luz son ondas y partículas al mismo tiempo. Unos pocos años más tarde Louis de Broglie en su tesis doctoral -que de hecho fue apoyada por Albert Einstein- defendió que no sólo la luz tenía estas propiedades tan raras y especiales, sino que los electrones o las partículas de las que nosotros también estamos formados, también pueden ser ondas y partículas al mismo tiempo.

-Entonces tenemos que cambiar nuestra manera de vernos…
-Efectivamente, porque somos ondas y partículas al mismo tiempo. Y podemos actuar como partícula o como onda. Existe una probabilidad de que toda tú, como onda que eres, aparezcas en Júpiter una mañana al despertarte. El tiempo que tendrías que esperar para que ello sucediera sería mayor que el que tiene el universo, pero existe esa posibilidad. Ello abre tu mente a muchas posibilidades y amplía el horizonte de tu vida.

-¿En qué se basa la percepción de nuestro mundo si lo que vemos es fundamentalmente espacio vacío o si realmente no tocamos las cosas…?
-Hace un tiempo leí que en Monza (Italia) habían prohibido las peceras redondas, argumentando que eran una crueldad para los peces porque veían una realidad completamente alterada. Sin embargo yo pensé que aunque tenían una visión deformada, era coherente para ellos. En realidad nosotros también estamos metidos en otra pecera en la que estamos observando y aceptando la realidad del mundo que nuestros sentidos y nuestro cerebro interpreta sobre el mundo que nos rodea. Cuando entramos en el tema de qué es la realidad, la física cuántica nos destroza todos los mitos y creencias que hemos ido acumulando durante años.

-La física cuántica (microcosmos) se rige por unas leyes y la clásica (macrocosmos) por otras, no están unificadas y sin embargo nosotros sí nos movemos en un mundo unificado, sin fracturas. ¿Cuál es su apuesta personal por la unificación?
-Ahora hay una teoría que está volviendo a coger mucha fuerza y es la de las supercuerdas. Se está yendo a once dimensiones -en vez de en 3D vivimos en once dimensiones-, y está intentando unificar todas las fuerzas y teorías que existen sobre el universo. Pero yo creo que poco a poco, no sé si en esta dirección u otra, vamos a ir acercándonos a una teoría final que cumplirá el sueño de Albert Einstein.

-Trabajando en el Laboratorio Nacional de Los Alamos (LANL) en un proyecto sobre decoherencia e información cuántica, reflexionó sobre las consecuencias y responsabilidad de sus investigaciones. ¿Hasta qué punto hay que experimentar y cuándo aplicar la humildad, ya que desconocemos lo que podemos alterar?
-En Los Alamos fue donde se construyó la primera bomba atómica, en el Proyecto Manhattan. La ciencia es un arma de doble filo. Nos puede aportar muchísimo conocimiento: puede servirnos para ampliar mucho nuestras consciencias como seres humanos y saber que estamos mucho más interrelacionados, ampliando esa consciencia de unidad con toda la humanidad, la naturaleza, incluso todo el cosmos; y paralelamente también nos proporciona grandes fuentes de energía que a la vez pueden ser utilizadas como grandes armas. La elección es de todos los seres humanos, dependerá de nosotros qué uso le queremos dar a todo este esfuerzo y conocimiento. Yo soy optimista. Creo que el ser humano acabará desarrollando -y de hecho lo está haciendo cada vez más- su parte de consciencia, de convivencia , que nos va a ayudar a vivir mucho mejor.

(Fuente: http://www.revistafusion.com/201105202090/Ciencia/Ciencia/fisica-cuantica-y-cotidiana-sonia-fernandez-vidal-fisica.htm)

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