Enfermedad mental y estigma

Por 1decada4.es y Consejería de Salud de la Junta de Andalucía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La persona con enfermedad mental debe afrontar una doble dificultad para recuperarse: la enfermedad en sí y los prejuicios y discriminaciones que recibe por padecerla. Es el estigma social, una carga de sufrimiento que incrementa innecesariamente los problemas de la enfermedad y constituye uno de los principales obstáculos para el éxito del tratamiento y de la recuperación

 

Los sentimientos de vergüenza y estigmatización que provoca esta enfermedad entre quienes la padecen y sus familiares son la causa de que actualmente muchos enfermos y enfermas no estén diagnosticados/as ni tratados/as, especialmente al comienzo del trastorno, cuando el éxito del tratamiento es mayor. Asimismo, el miedo y la aversión de la sociedad cierra muchas puertas a estas personas: sanitarias, laborales, de vivienda o de relaciones sociales.

El origen del estigma está en estereotipos y mitos injustos heredados de siglos de incomprensión hacia la enfermedad mental. El silencio que la rodea y que la ha convertido en tabú ha mantenido el estereotipo, que es una idea o imagen aceptada de común acuerdo por la sociedad y que permanece invariable. La reiteración de esos estereotipos ha creado sólidos prejuicios, que se ven reflejados en pensamientos y actitudes arbitrarias o parciales respecto de la enfermedad o las personas que la padecen, sin analizar si existe alguna razón que lo justifique.

Finalmente, el prejuicio se plasma en la discriminación, por la cual individuos o grupos de una sociedad privan a otros de sus derechos o beneficios y les dan un trato de inferioridad. En un principio, la estigmatización tendría un carácter originariamente moral, pero con serias consecuencias, ya que se identifica al grupo segregado con el estigma mismo. Al tratar a la persona con enfermedad mental, se hace exclusivamente según su enfermedad, no como una persona como otra cualquiera.

 

LAS ETIQUETAS

El estigma es la etiqueta que se pone sobre la persona y resulta muy difícil desprenderse de ella. Llega a ocultar a ese hombre o esa mujer, porque se la identifica plenamente con el hecho por el que se le etiqueta. El lenguaje da buena muestra de cómo la enfermedad mental se identifica como único rasgo de la personalidad de quienes la padecen. Si tiene esquizofrenia, pasa a ser “esquizofrénico”; si sufre depresión, es una “depresiva”. Algo que actualmente no sucede con otras enfermedades, porque a quien padece cáncer no se le llama “canceroso”.
Una vez que la sociedad subraya la diferencia resulta muy difícil para la persona ser aceptada. Además, la presión interna que sufre para asumir los estereotipos de incapacidad e inutilidad hace que los síntomas de la enfermedad sean más persistentes y creen una sensación de discapacidad.

 

EL AUTOESTIGMA

Una de las consecuencias más graves de la discriminación es la creación del autoestigma. Los prejuicios en muchos casos afectan al enfermo o la enferma hasta el punto que los asumen como verdaderos y pierden la confianza en su recuperación y en sus capacidades para llevar una vida normalizada. Estereotipos y prejuicios acaban por instalarse en la persona, que asume esas actitudes marginadoras y se autodiscrimina. Se generan así reacciones emocionales negativas, se pierde la sensación de dominio sobre su situación personal, incapaz de buscar trabajo o vivir de forma independiente, y es posible que ni siquiera lo intente. Ello le puede llevar a fracasar en su tratamiento, y rechazar más la enfermedad mental que los familiares o el personal de los servicios de salud mental que le atiende.

 

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La palabra “Estigma” proviene del griego y significa “atravesar, hacer un agujero”. El término fue creado para referirse a signos corporales con los que se intentaba exhibir algo malo, como a los esclavos y los ladrones a quienes se estigmatizaba con hierro candente. El término se ha empleado a lo largo de los siglos para indicar que ciertos diagnósticos despiertan prejuicios contra las personas. Por ejemplo, durante la Edad Media, un grupo discriminado fue el de quienes padecían lepra. Más recientemente, a quienes padecen cáncer o sida. La discriminación a las personas con enfermedad mental ha sido una constante a lo largo de los siglos.

 

¿Cómo puedes ayudar a reducir el estigma?

  • Empieza por ti. Las actitudes sólo cambian de persona en persona. Reducir el estigma empieza por ti: repasa tus percepciones sobre la enfermedad mental. ¿Pones etiquetas y estereotipos a personas que la padecen? Puedes comprobar si crees los falsos mitos que la mayoría de la sociedad todavía mantiene.
  • No equipares a personas con su enfermedad. Por ejemplo, una persona con esquizofrenia no es “un esquizofrénico” o “una esquizofrénica”.
  • Informa a los demás. Corrige con tacto las percepciones erróneas sobre la enfermedad mental que observes en otras personas. Comenta y critica noticias en los medios de comunicación, películas o libros que reproduzcan estereotipos y perpetúen el estigma.
  • Participa. Accede al Observatorio, haz partícipe a quienes ofrecen informaciones o comentarios inadecuados o felicita a quien ofrece una imagen objetiva de la enfermedad mental.

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Fuente original: http://www.1decada4.es/volvamosapensar/enfermedadyestigma/
Fuente imagen principal: http://alcaerlamedianoche.blogspot.com/2010/12/fobia.html
Notas complementarias:
-Cómo se crea el estigma (http://www.1decada4.es/volvamosapensar/enfermedadyestigma/como/)
-Eliminar el estigma (http://www.1decada4.es/volvamosapensar/eliminarestigma/)
-Mitos y realidades sobre las enfermedades mentales y las personas que las padecen (http://www.1decada4.es/volvamosapensar/enfermedadyestigma/mitosrealidades/realidades/)

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Física cuántica y cotidiana (Sonia Fernández-Vidal, física)


Por Marta Iglesias | 20 Mayo 2011 (RevistaFusion.com)

Licenciada en Física por la UAB y doctorada en el campo de la Información y la Óptica Cuántica, en su apuesta por la divulgación científica acaba de publicar ‘La Puerta de los Tres Cerrojos’ (Editorial La Galera)
Sonia Fernández-Vidal ha trabajado en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en el proyecto del nuevo acelerador de partículas Large Hadron Collider (LHC), en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) y colaborado con la división teórica del Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL). Investigación y docencia son sus dos pasiones, convirtiendo complicadas fórmulas y teorías en conocimientos accesibles para el público general.

-¿Por qué eligió especializarse en física cuántica, frente a otras ramas de la física?
-La física cuántica me parecía muy apasionante porque nos describe el mundo de una manera muy diferente a la que estamos acostumbrados. Todos estos fenómenos que nos describe, como que puedes atravesar paredes, que la realidad se manifiesta cuando la estás observando, que las cosas pueden estar en dos sitios a la vez…. Todo ello me atrajo muchísimo, precisamente porque te permite ver el mundo con ojos diferentes.

-¿Para qué público ha escrito el libro?
-El libro está destinado a los adultos, y precisamente por eso está escrito para niños. En las charlas que yo estaba dando sobre divulgación científica encontraba que a los mayores les daba un poco de miedo introducirse en la física cuántica. Creían que era muy complicado para ellos. Yo deseo romper esa idea preconcebida y acercar la física cuántica a todo el mundo desde la fantasía, desde la magia, desde la visión del niño que todos llevamos dentro.

-La física cuántica explica el funcionamiento de los átomos y sus componentes. Sin embargo, a menudo no nos interesa porque creemos que no nos afecta en nuestra vida cotidiana. ¿Es cierta esa afirmación, o lo más pequeño tiene el poder de cambiar todo nuestro entorno?
-En realidad afecta y muchísimo. Piensa que un tercio de nuestra economía está basada en la física cuántica, como los transistores que llevan los teléfonos móviles, ordenadores, las puertas que se abren el supermercado… Aparte de esta visión práctica, creo que la física cuántica también nos puede ayudar mucho en nuestro día a día. Hasta ahora arrastramos mucho las consecuencias de pensar que el universo es como una máquina enorme, idea heredada de la física clásica o mecanicismo. La física cuántica nos plantea de repente un universo lleno de cosas fantásticas que rozan incluso la magia. Y creo que esta visión diferente del mundo ayuda ante el día a día lleno de incertidumbres, con tanta crisis, en el que necesitamos pensar de manera diferente… La física cuántica nos entrena neurológicamente en una manera creativa de pensar, una manera diferente de afrontar los problemas.

-Por ejemplo, una de las cosas que repite en su libro es “Si quieres que sucedan cosas diferentes, deja de hacer siempre lo mismo”. ¿Por qué una actitud tan lógica resulta tan difícil de erradicar?
-Así se acciona el pensamiento creativo, pero resulta difícil erradicar la inercia porque somos animales de hábitos y a veces cuando hacemos una cosa una y otra vez, la acabamos asumiendo como si fuese una verdad. Incluso en la manera que tenemos de pensar. Fíjate que ahora nos parece que lo más normal del mundo es que las cosas estén determinadas o que el universo funciona como una maquinaria en la que todo está ya hecho, y nosotros somos unas cositas muy pequeñitas dentro de este universo. Lo hemos repetido tantas veces que al final lo aceptamos como una verdad.
Y lo que hoy en día tenemos inculcado como verdad, nos empuja a hacer las cosas siempre del mismo modo, con unos patrones que creo que son una tendencia del mecanicismo. Sin embargo, si sabemos que las cosas no están tan definidas, que todo no tiene porqué ser del mismo modo, que nuestra influencia en el universo puede ser mucho más fuerte de la que nos pensamos, ese conocimiento puede empujarnos también a tener una manera diferente de pensar y de reaccionar ante muchas situaciones cotidianas.

-¿Por qué esa insistencia en el libro de que si deseamos llegar a alguna parte, deben hacerse las preguntas correctas? ¿Es fruto de su vena investigadora?
-Exacto. Una de las primeras premisas cuando haces investigaciones es encontrar cuál es la pregunta correcta. Pero no sólo es en la investigación, sino en nuestro día a día, la manera en la que nos formulamos muchas preguntas, sobre todo cuando tenemos algún tipo de dificultad, puede ser decisivo a la hora de resolverlas. Por ejemplo, si me planteo cómo puede ser que el mundo cuántico funcione de una manera tan imposible, me estoy autobloqueando. Sin embargo, si cambio el enfoque, hago la pregunta correcta: ¿Cómo funciona esto? ¿Por qué lo hace de este modo? Nuestro cerebro funciona como un ordenador y cuando le das un mensaje, reacciona a él. Cuando tú enfocas la pregunta ya de un modo negativo, no esperando encontrar una solución, te quedas enganchado y encerrado en un registro que no te permite encontrar esa solución. Por eso insisto en que es importante que hagas las preguntas correctas si quieres llegar a algún sitio.

 

ATERRIZANDO LA FÍSICA CUÁNTICA


-En su libro desarrolla el Principio de Superposición, indicando que “En el mundo cuántico, las cosas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo, o de dos maneras”. ¿Qué traducción tiene eso en el mundo que nos movemos?
-El Principio de Superposición nos indica que la realidad no está definida, es decir, que una partícula puede estar cogiendo el camino de la izquierda y la derecha al mismo tiempo. Sin embargo, cuando un observador -nosotros mismos- queremos mirar esta cosa, saber cómo se hace, pues esta partícula tiene que escoger el ir por la izquierda o por la derecha. Digamos que se manifiesta o se crea esa realidad en ese momento determinado. ¿Cómo nos afecta a nosotros en nuestro día a día? Esa es una pregunta en la que los físicos estamos trabajando, es decir, ¿cómo se hace esta transición desde el mundo más pequeñito, donde pasan estas cosas tan extrañas, que las partículas pueden estar en dos sitios, a nuestro día a día, donde nosotros no podemos ir a la izquierda y la derecha al mismo tiempo? Muchos investigadores están estudiando cómo darle coherencia.

-Por ejemplo, si en nuestra vida tenemos dos opciones, ¿mientras no elijamos existen las dos?
-Exacto. Pero fíjate que lo que dicen los físicos va incluso más allá, es más atrevido. En cierto modo si yo me despierto una mañana de buen humor y me enfrento a un atasco de tráfico, yo puedo escoger cómo vivir mi realidad, si tomármelo bien o mal. Eso influencia a una realidad muy subjetiva. Pero lo que vemos los físicos en los laboratorios es que por el hecho de observar, estamos determinando una realidad objetiva entre comillas. A una partícula le estamos haciendo elegir un camino u otro. Estamos afectando a ese mundo objetivo, externo a nosotros.

-Entonces, ¿con nuestra manera de mirar estamos afectando al mundo que nos rodea?
-Mucho más de lo que pensábamos hasta ahora. Hasta el momento teníamos la visión de los grandes engranajes de un reloj en el que ya está todo hecho y construido. Sin embargo la física cuántica es apasionante porque nos muestra un mundo que se está creando a cada instante.

-Según lo que dices, al observar la partícula, ésta se define. ¿Qué sucede ahí? ¿La partícula tiene conciencia o el observador influye sobre ella?
-La verdad es que esta cosa tan extraña que nos está definiendo la física cuántica, todavía está en discusión y pasa quizás más a la filosofía o metafísica que a la física en sí. Muchos científicos -como el premio Nobel Eugene Wigner- creen que lo que hace que esa partícula se tenga que definir es la consciencia del observador.

-En realidad las partículas no pueden estar en dos lugares a la vez, sino en muchos, dándonos a entender que cualquier realidad es posible…
-Son muchas más, yo siempre pongo dos porque imagino un camino que se divida en dos, pero en física una partícula fundamental puede estar absolutamente en cualquier lugar del espacio.

-Entonces en el mundo cuántico, conviven todas las posibilidades…
-Efectivamente. Ahí está. Todo lo que es posible, está sucediendo al mismo tiempo.

-Hablemos ahora del Entrelazamiento: “En el instante del Big Bang el origen del Universo, todas las partículas nacieron juntas y, por lo tanto, entrelazadas. Todo lo que existe en el Universo se ha formado a partir de aquellas partículas.” ¿El Amor o la Unidad, que sólo se entiende con connotaciones religiosas, tiene entonces una base científica, siendo algo más lógico que sobrenatural?
-Se puede hacer una analogía muy bonita. No puedo entrar a decir que la física cuántica demuestre cualquier tipo de creencia religiosa porque entraríamos en un campo muy discutido en el que, de momento la ciencia no está suficientemente madura como para enfrentarse a demostraciones de carácter de fe. De todos modos, estoy totalmente de acuerdo contigo en pararse a reflexionar en que esta última energía es el Amor, efectivamente.

-Sin embargo, aunque uno puede mentalmente elegir no vivir esa unidad, está dando la espalda a la realidad…
-Diría que estás yendo contra ti mismo, sí. Estamos todos mucho más interrelacionados con todos de lo que nos pensamos. Absolutamente todas las partículas de las que estamos formados surgieron en el Big Bang, cuando se creó este universo, por tanto estamos interrelacionados desde ese mismo punto. Supongo que si tuviésemos esta visión, seríamos más cuidadosos con la naturaleza, la gente que nos rodea…

-Nos recuerda en el libro que la luz es a la vez una onda y una partícula, pudiendo funcionar como ambas. Y nosotros, ¿qué somos?
-Pues ondas y partículas al mismo tiempo. En 1905, Albert Einstein en uno de sus artículos por el que ganó el Nobel de Física precisamente lanzó esta idea de que la luz son ondas y partículas al mismo tiempo. Unos pocos años más tarde Louis de Broglie en su tesis doctoral -que de hecho fue apoyada por Albert Einstein- defendió que no sólo la luz tenía estas propiedades tan raras y especiales, sino que los electrones o las partículas de las que nosotros también estamos formados, también pueden ser ondas y partículas al mismo tiempo.

-Entonces tenemos que cambiar nuestra manera de vernos…
-Efectivamente, porque somos ondas y partículas al mismo tiempo. Y podemos actuar como partícula o como onda. Existe una probabilidad de que toda tú, como onda que eres, aparezcas en Júpiter una mañana al despertarte. El tiempo que tendrías que esperar para que ello sucediera sería mayor que el que tiene el universo, pero existe esa posibilidad. Ello abre tu mente a muchas posibilidades y amplía el horizonte de tu vida.

-¿En qué se basa la percepción de nuestro mundo si lo que vemos es fundamentalmente espacio vacío o si realmente no tocamos las cosas…?
-Hace un tiempo leí que en Monza (Italia) habían prohibido las peceras redondas, argumentando que eran una crueldad para los peces porque veían una realidad completamente alterada. Sin embargo yo pensé que aunque tenían una visión deformada, era coherente para ellos. En realidad nosotros también estamos metidos en otra pecera en la que estamos observando y aceptando la realidad del mundo que nuestros sentidos y nuestro cerebro interpreta sobre el mundo que nos rodea. Cuando entramos en el tema de qué es la realidad, la física cuántica nos destroza todos los mitos y creencias que hemos ido acumulando durante años.

-La física cuántica (microcosmos) se rige por unas leyes y la clásica (macrocosmos) por otras, no están unificadas y sin embargo nosotros sí nos movemos en un mundo unificado, sin fracturas. ¿Cuál es su apuesta personal por la unificación?
-Ahora hay una teoría que está volviendo a coger mucha fuerza y es la de las supercuerdas. Se está yendo a once dimensiones -en vez de en 3D vivimos en once dimensiones-, y está intentando unificar todas las fuerzas y teorías que existen sobre el universo. Pero yo creo que poco a poco, no sé si en esta dirección u otra, vamos a ir acercándonos a una teoría final que cumplirá el sueño de Albert Einstein.

-Trabajando en el Laboratorio Nacional de Los Alamos (LANL) en un proyecto sobre decoherencia e información cuántica, reflexionó sobre las consecuencias y responsabilidad de sus investigaciones. ¿Hasta qué punto hay que experimentar y cuándo aplicar la humildad, ya que desconocemos lo que podemos alterar?
-En Los Alamos fue donde se construyó la primera bomba atómica, en el Proyecto Manhattan. La ciencia es un arma de doble filo. Nos puede aportar muchísimo conocimiento: puede servirnos para ampliar mucho nuestras consciencias como seres humanos y saber que estamos mucho más interrelacionados, ampliando esa consciencia de unidad con toda la humanidad, la naturaleza, incluso todo el cosmos; y paralelamente también nos proporciona grandes fuentes de energía que a la vez pueden ser utilizadas como grandes armas. La elección es de todos los seres humanos, dependerá de nosotros qué uso le queremos dar a todo este esfuerzo y conocimiento. Yo soy optimista. Creo que el ser humano acabará desarrollando -y de hecho lo está haciendo cada vez más- su parte de consciencia, de convivencia , que nos va a ayudar a vivir mucho mejor.

(Fuente: http://www.revistafusion.com/201105202090/Ciencia/Ciencia/fisica-cuantica-y-cotidiana-sonia-fernandez-vidal-fisica.htm)

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“La creatividad se aprende igual que se aprende a leer”

Ken Robinson

 

Por Lluis Amiguet, La Vanguardia (03/11/2010, http://www.lavanguardia.es/)

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima  dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor – dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.

—Todo niño es un artista.

Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

—Los niños también se equivocan.

Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

—Los exámenes hacen exactamente eso.

No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.

—¿Se puede medir la inteligencia?

La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

—¿Cuál es ese tipo de talento?

Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

—La mano de obra aún es necesaria.

¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.

—Pero se nos repite: ¡innovación!

La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición

—No hay nada más pasivo que una clase.

¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

—¿Cuáles son las consecuencias?

Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

—Tipos con suerte…

Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

—”Sé humilde: acepta que no te tocó”.

¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

—¿La creatividad no viene en los genes?

Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

—Por ejemplo…

Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

—Y…

Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.

—A pesar del colegio, fueron genios.

A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…

—Ahí, sir, acertaron de pleno.

Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

—¿Una niña hiperactiva?

Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!

—Pensando con los pies.

Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.

—Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.

Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.


Buscando la ‘zona’

Salgo tan inspirado de la entrevista a Ken Robinson que no me resigno a reducirla a esta Contra. Así que, si ustedes me lo piden, explicaremos de su mano en breve cómo encontrar nuestro elemento creativo. Porque a ser innovador se aprende igual que a sumar: a cualquier edad y en cualquier circunstancia, con la única condición de tener ganas. Robinson precisa cómo lograrlo en el informe que está transformando la educación británica. Y me anima a desaprender lo mal aprendido en el cole y a arriesgarme con ustedes a renovarnos hasta encontrar nuestra propia zona,nuestro mentor y tribu creativa, para alcanzar la misma e intensa conexión con la vida que gozaron Einstein o Mozart.

Fuentes:
http://www.lavanguardia.es/lacontra/20101103/54063818455/la-creatividad-se-aprende-igual-que-se-aprende-a-leer.html
http://www.youtube.com/watch?v=Z78aaeJR8no

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