Conciencia de ola – Conciencia de agua

Por Dr. Norberto Levy

 

Imaginemos que una ola tuviera autoconciencia y dijera: “Yo soy esta ola que soy”.

Tiene nombre y apellido, fecha de nacimiento, parientes y amigos. Se observa crecer, se compara con sus vecinas y según con quien lo haga dirá: ¡”Qué ola fantástica que soy…!”. O: ¡”Qué pequeña!  ¡Nadie me va a tener en cuenta…!”.

En el momento en el que a esta ola le llega su declinación, siente la angustia ante su muerte: “Yo soy ola, y si dejo de ser ola, dejo de ser… por lo tanto, quiero ser ola la mayor cantidad de tiempo posible… me reconozco en mi condición de ola y todo lo que amenace esa condición  es una amenaza fundamental para mi ser”.

Para una conciencia humana el recorrido de una ola transcurre en menos de un minuto, pero para esta hipotética conciencia es toda una vida, por lo tanto equivaldría a lo que vivimos en 70 u 80 años.

 

“Conciencia de agua”

Imaginemos ahora que esta conciencia de ola, después de haber experimentado la angustia de su muerte y la celebración de su nacimiento miles de millones de veces, experimentara una expansión de su conciencia que le permitiera un buen día decir: “¡Caramba! En realidad lo que yo soy es agua..! Lo que  constituye mi ser esencial es ser agua, y mi condición de ola es una forma temporaria que mi ser agua tiene de manifestarse… Por lo tanto cuando yo termine como ola, lo que termina no es mi ser esencial, sino una forma…

Cuando  esa conciencia registra su condición de agua se ha conectado con un rasgo de su ser que está más allá de su nacimiento y muerte como ola. “Ha tomado contacto con el Espíritu en ella”.

Desde ese estado podría vivir cada momento de su vida como ola sin angustia pues sabría que su ser esencial no está comprometido, y cuando ella  experimentara la cercanía de su propia muerte, podría acompañarla con más serenidad sabiendo que lo que cesa es sólo una forma temporaria.

 

La dimensión humana

Esta expansión de la conciencia es lo que las Tradiciones Espirituales describen como Satori, Iluminación o Liberación Suprema.

Cuando el ser humano alcanza este estado ha trascendido la identificación con su forma particular y se ha conectado con aquello de sí mismo que está más allá de su nombre y apellido, más allá del nacimiento y la muerte.

Ram Dass relata que cuando Ramana Maharishi estaba por morir, sus discípulos estaban desesperados y él les decía: “¡No hagan tanto alboroto! ¡Es como si vendiera mi auto! Sólo me estoy muriendo….

A pesar de lo obvio, vale la pena destacar el “sólo me estoy muriendo…”.

Maharishi había afincado su identidad en ese espacio que está más allá del nacimiento y la muerte. En términos de la metáfora, había alcanzado “conciencia de agua”.

Este nivel, en la dimensión humana, se presenta como la conciencia  que siente y sabe que lo que ella es, es Amor, y que observa desde su “condición de agua” las vicisitudes de “la ola” que, en otro plano también es, pero sabiendo que su identidad no se agota en ella.

 

(Fuente: Fragmento del capítulo Las emociones y la dimensión transpersonal, del libro La Sabiduría de las emociones 2. de Norberto Levy)

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